domingo, 24 de mayo de 2026

LA POESÍA METAFÍSICA DE PEDRO LÓPEZ ÁVILA

 

LA POESÍA METAFÍSICA DE PEDRO LÓPEZ ÁVILA




Es la poesía el mejor medio de expresar los sentimientos más profundos, transformando las palabras en emociones, que se pasean por todas las estancias del intelecto, explorando sus rincones luminosos, como aquellos sometidos a la umbría del olvido, resonando en el interior para ser expresada como reflexión, gozo o cántico de inquietudes o realidades.
Pedro López Ávila es un escritor, dinamizador cultural y poeta granadino, con un amplio bagaje de poemarios publicados. Su lírica posee una característica propia, pues más que la forma toma protagonismo el fondo sensitivo transportado en sus estrofas, con un profundo pensamiento metafísico. A través de sus palabras explora la conciencia humana, hundiéndose en el yo profundo, intimidad extrema alojada en el desván del intelecto.
Ofrece en esta ocasión “Morir no es irse a ningún sitio”, publicado por Editorial Nazarí. En esta reciente entrega, Pedro López Ávila describe las soledades y silencios de la vejez, el abandono y olvido, el propio y el de aquellos del entorno social. Soledad comprendida por el autor, que penetra en las sombras de la consciencia para asirse en los recuerdos, también en el diálogo con el entorno. Es ahí donde surge la angustia existencial, cuando la persona sólo vive del pasado, el presente es liviano ahora, costándole trabajo describir sus realidades, pues las palabras se han convertido en losas pesadas, difíciles de poner en movimiento, conjuntarlas, o acaso se encuentran en lo más oscuro del abismo de la memoria. Se desespera el poeta, pues sin la palabra significada el yo se difumina, no comprende, no se relaciona, sólo percibe un cúmulo de sensaciones que no saben expresarse así mismo.
La angustia vital del autor va disipándose, según van pasado las gélidas horas de la noche más profunda, en la cual los genios del pasado atormentan el presente, siendo el tiempo un doloroso roce sin sentido, destellos del pasado cuando se degustaba con fruición, mas ahora su paso es doloroso, anunciando la caída del último grano del reloj de arena.
Pasan los versos, pasan las horas de esta reflexión existencial, y el poeta intuye que la nada es imposible, pues presiente que hay un horizonte luminoso permanente, frescor eterno de la mañana, tranquilo instante que no se agota.
Pedro López Ávila desarrolla estas ideas en una estructura lírica sin pretensiones rítmicas, abandonado al vaivén de las palabras, las cuales con sus ecos emotivos van creando una musicalidad sensitiva que se sobrepone a las formas del verso. Esta es la cualidad que da fuerza, autenticidad y valor lírico a su obra.








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