martes, 22 de marzo de 2016

ESENCIAS DE MANUEL PRADOS


BAJO LA LUZ DEL SUR

Autor: Manuel Prados. Título: Esencias. Lugar: Hotel Ladrón de Agua. Fecha: Hasta el 27 de marzo.

Parte el pintor de un tema castizo para expresarlo con fuerza y dinamismo, elevándolo a relato visual de intenso colorido, chispeante, impreso como profunda huella cromática, para describir la esencia del alma de las gentes del sur. Ésta es una realidad que permanece, adaptada a los nuevos tiempos, siendo reflejada por el artista con una paleta rica, de colores sólidos, atractivos a la mirada.
Manuel Prados organiza un trabajo centrado en los destellos de los tópicos populares andaluces: flamenco, procesión, caballos, adornos florales… no quedándose en una mera representación preciosista, para reproducir gestos pictóricos comunes a otros autores, sino que muestra una propuesta diferente de plasmación de las imágenes populares. Lleva su creación plástica hacia formas desenvueltas, alegres, mostradas como impresiones potentes que anegan la retina, producto de la luz del sur.
Fiesta y color, sentimiento optimista para comprender la vida, estos son los rasgos que se desprenden en la observación de sus obras. Conecta con el gran público, ofrece un producto de calidad comercial, superando los límites de la dicción clásica al exponer estos temas, componiendo un conjunto dinámico, de colorido exuberante, inmerso en una danza envolvente, embrujo en movimiento, cuan llama pasional en su esplendor. También propone momentos silentes, centrados en el fulgor del sentimiento, cuando trata sus devociones, o contando en tercera persona el paso de los monaguillos. Reproduce estas escenas con delicadeza, superando las líneas del dibujo, plasmadas en manchas agrupadas de colores diversos, que en su combinación generan una vibración visual que induce tensión en el cuadro. Los fondos monocromos, y espesos, acogen a sus protagonistas, conformando una obra de visualización agradable. Manuel Prados posee una producción plástica de expresión ligera, realizada sobre un entramado plástico consistente, ofreciendo un requiebro técnico que supera el estilo del tema tratado, para elaborarlo con fresca originalidad.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

domingo, 20 de marzo de 2016

ÓPERA MANÍA


BUSCANDO A NABUCCO

Autor: Raimundo Iáñez. Título: Ópera Manía. Lugar: Fundación Euroárabe. Fecha: Hasta el 24 de marzo.
Es la vida una representación escénica con un guión fijado por el gran director del mundo. Todo está escrito, deambulando el ser humano sometido al ritmo que marca la composición, cuando ésta llena de emociones el entendimiento. En la obra del granadino Raimundo Iáñez permanecen sus personajes en un orden sumiso, entonando cantos de resignación, algunos aparentemente liberadores, contenidos en el texto que deben representar. Largas filas, en un flujo cansino, anodino, gris y rígido, formadas por seres anónimos, sin rostro, similares, grandes y pequeños, repiten sin cesar el papel asignado en una realidad pulcra y armoniosa, donde la razón supera el deseo del corazón. Es un universo geométrico, cortante en sus ángulos, equilibrado y de luz monótona. La escena es relatada por el autor, colándose los cantos entre las rendijas del entramado lineal, expresados como grafías impresas en el cuadro, sin caracteres divergentes.
En otras obras se esfuma la persona sin rostro, quedando sólo la estructura de círculos y rectas, enmarcadas en un espacio organizado, de proporciones matemáticas. Interpreta el artista, de esta forma, el lirismo de la composición, el ensamblaje lógico de la nota musical, cantada por voces adormecidas. Es el reflejo del espacio racional donde transcurren las historias de los protagonistas.
Raimundo Iáñez propone una obra de estructura geométrica, sobria y relato conciso, elaborada con reducido repertorio de colorido y elementos gráficos, que repiten sus formas sin cesar, creando una visión envolvente, intrincada, reflejo de la vida en la urbe moderna. El ser humano pierde su singularidad, disolviéndose en la masa, para encajar en una configuración social basada en la lógica. Es un universo asfixiante, mostrado como una gran ópera, donde la tragedia, con su grandilocuencia, justifica el sacrificio del yo. La base íntima del trabajo de este artista la compone un mandala visual, plasmado en toda su producción plástica. Los cuadros están impregnados de la impronta de la partitura operística, sumiendo las voluntades en un océano sensitivo común, que fluyen al vaivén del ritmo, de sus arias desgarradas, o de corales convergentes.
Raimundo Iáñez es ingenioso, reflexivo y directo, consiguiendo crear piezas interesantes de contemplar.
 
 
 

 

 

 

 

 

 
 
 

 

 
 

viernes, 18 de marzo de 2016

LA OBRA DE EL BOSCO COMO CAMINO DE SALVACIÓN




UN RESPLANDOR EN LA OSCURIDAD



 
 
La ceguera del mundo invade los corazones, los aferra a sus pasiones, y atados a ella el hombre permanece en su jardín, en el cual espera encontrar las delicias. La turba jalea al Hijo de Dios, pordioseros, intelectuales, comerciantes y sacerdotes, todos quieren ahuyentar la Verdad, ofrecida en el Cordero Pascual, ofrenda para la Redención. Carceleros descreídos, gobernantes cínicos, y sumos sacerdotes guardianes de una ortodoxia seca, vacía y ciega, no quieren ver los signos de la Salvación. Las promesas del mundo anegan su conocimiento. Cristo, doliente y resignado, mira con amor al género humano, perdido en la noche oscura del pecado.
 
 
 

UNA SOMBRA SE OPONE A LA LUZ
 
 

 

Resignado y paciente Jesús oculta su dolor. Es su ofrenda voluntaria, surgida de un Amor profundo hacia el Hombre. Éste perdido en una realidad ficticia busca la felicidad, mas los falsos profetas le guían hacia su perdición. Vive esclavo, sometido a vicios y vanidades, volátil consistencia ante la decrepitud que el tiempo conlleva.
Las fuerzas del Mal intentan oscurecer el resplandor divino, se apoderan de los verdugos, sometidos al pecado, sus gestos son reflejo de la sombra que oculta la Verdad. Lo increpan, torturan, mas el Salvador se ofrece indolente hacia el Sacrificio final, obedeciendo la voluntad del Padre.
 
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HORAS PREVIAS AL AMANECER

 

La búsqueda de la verdad requiere un pensamiento apartado de las imágenes terrenales, pues éstas engañan la razón, llenan de soberbia el alma. Las realidades ofrecidas por el mundo sostienen que se puede alcanzar la felicidad, mediante los sentidos corporales.
Es la vida auténtica un camino intrincado, lleno de renuncias, dolor, soledad del espíritu, más la fe en la Salvación, y el amor que la sustenta, hace que la alegría del futuro encuentro, con el Amado, dé fuerzas en el doloroso trayecto.
Los poderosos viven indiferentes el Sacrificio de Dios, son insensibles al amor. Otros seres, serviles instrumentos de su egoísmo, azotan, insultan a la Luz de la Salvación. Cristo nos mira, y pregunta: ¿Estás dispuesto a encontrar la única Verdad?
 
ECLIPSE, REVELACIÓN Y LUZ
 
 
 
Soledad del Amado, éxtasis de dolor profundo, ruptura de la barrera oscura que engaña al conocimiento. Se descubre la vía hacia el Creador, se vence el pecado, el maligno ha sido derrotado.
Cristo hombre ha sufrido el sacrificio expiatorio. Su Madre y discípulos lo acompañan como testigos de la Redención humana. El amor se refleja en esta obra de El Bosco, la luz tibia adorna al grupo orante, la Verdad les ha sido revelada, viven de espaldas al gran mundo ficticio.
 
LOS PELIGROS DEL ALMA


 
El hombre posee una mente dócil a los embaucadores y charlatanes que desvirtúan la realidad, los cuales ofrecen la manzana de oro, el poder, placeres, riqueza, sentirse superior, abandonando el Amor, Se interna en la oscuridad, perdiéndose en peligrosos caminos infestados de la maldad del egoísmo, olvidando la Luz del Paraíso.

Es tentado, abandonando la estancia feliz en la contemplación del Rostro Divino, para querer elegir entre el bien y el mal. Su inocencia original hace que caiga en la gran mentira de lo material, en etéreas y falsas realidades, cayendo en la esclavitud de sus pasiones. Esta desviación de la Luz lo conduce hacia el sombrío sendero de estancias lóbregas, frías prisiones de dolor, soledad, pérdida y desesperación. Permanece atado a sus más bajas apetencias en el falso futuro prometido, ha desoído la voz del Salvador. En el Jardín de las Delicias, de El Bosco, se resume el camino hacia el olvido del Amado.











martes, 8 de marzo de 2016

LOS VAGABUNDEOS DE SERGIO LARRAÍN


MÁS ALLÁ DE LA FOTOGRAFÍA
Autor Sergio Larraín. Título: Vagabundeos. Lugar: Centro José Guerrero. Fecha: Hasta el 27 de marzo.

La magia del instante es esencial para convertir una imagen transitoria, en el devenir rutinario, en objeto artístico. Es necesario para ello que el fotógrafo esté en estado de gracia, sumido en el torrente del azar, paciente y despreocupado, esperando el resplandor del momento, la oportunidad surgida de las múltiples imágenes que configuran la realidad.
Sergio Larraín partía de estos conceptos en su vagabundeo artístico, libre de ideas previas, solo atento al entorno, buceando en los escenarios desde los que podía extraer el reflejo interior del ser humano, las pasiones latentes, la soledad de la existencia, el silencio que envuelve su insignificancia en la gran ciudad, o su paciente resignación en barrios suburbanos o zonas rurales. Es una experiencia basada en la globalidad de la sociedad moderna, que contrasta con temas locales de su Valparaíso o la diferencia de culturas. La propone como un discurso de ideas contrapuestas: campo enfrentado a la ciudad, tradición contra técnica, cultura cosmopolita o local, alta sociedad y barrios bajos. Estos opuestos son mezclados, o superpuestos, dialogando entre sí, proponiendo como conclusión la ruptura de una forma de vida tranquila, sometida a valores establecidos como absolutos, que van perdiendo fuerza para disociarse en el valor que cada día adquiere, según la oportunidad que el momento dicte. Es un mundo de contrastes, que se esfuma en la bruma gris de la sociedad industrial. Muestra las contradicciones de las bellas estampas urbanas, con la miseria o vida humilde.
En Valparaíso levanta la alfombra de la luz, navegando por locales lóbregos, donde caen las máscaras y viven las pasiones.
Sergio Larraín es un explorador de la imagen, que deambula libre, viviendo el ambiente, a la espera tranquila del resplandor extraordinario, que descubra el recuadro ideal, para ser captado. Surge la oportunidad y, gracias a su sensibilidad artística, atrapa la imagen. Trasciende a veces la escena, a los propios actores, para centrarse en motivos y rincones, en los cuales detecta el halo trascendente que lo aísla del tiempo.
Su proyecto fotográfico es un viaje hacia un encuentro consigo mismo, siendo la maquina mero instrumento al servicio de la intuición plástica del autor. Descubre en el trayecto emprendido que su Ítaca está en él mismo, en el entorno que lo vio nacer. Ha comprendido a través de sus instantáneas la esencia de la existencia, superando el instrumento técnico para describirla sin cesar en sus satori, dibujos sencillos, casi esquemáticos, inmersos en un colorido ligero, fresco, ingenuo, que descubre la luz de la trascendencia. Y Sergio Larraín quedó absorto en el tiempo.


 
 

 

 

 

 

domingo, 6 de marzo de 2016

HE ATRAPADO UNA SOMBRA


UNA METAFÍSICA DE LA LUZ

Autor: Fernando M. Romero. Título: He atrapado una sombra. Lugar: Crucero del Hospital Real. Fecha: Hasta el 1 de abril.

En la pintura el planteamiento inicial es fundamental, surgido de la experiencia de horas de estudio, buscando obtener la obra que coincida con el deseo pensado. No basta comenzar a trabajar para concluir en lo que saliere, como decía D.Quijote del pintor de Úbeda, sino conseguir nuevas experiencias que hagan más completo el bagaje artístico del autor. El cordobés Fernando M. Romero propone una reflexión estética de profundo concepto plástico, partiendo de estructuras intelectuales bien diseñadas, usadas como equipaje, en su aventura en la intrincada tierra de la expresión pictórica.
Este artista es un explorador de la imagen, adentrándose en zonas de penumbra, asolado por la luz, perdido por el peso de la sombra, inquieto por las interferencias de las rendijas por donde se cuelan los haces luminosos, buscando el rastro de su halo, la esencia de su sustancia, el palpitar de la sombra. Ésta es esquiva, mas el estudioso de la forma representada no ceja en su empeño, centrado en su captura.
Fernando M. Romero analiza los planos luminosos, sus contrastes, las capas de colores que dan cuerpo al blanco reflejado, jugando con los efectos ordenados de su abundancia, o soledad, en la superficie visualizada. Traspasa el cuadro, sin abandonarlo, indagando sobre las posibilidades expresivas de otras técnicas, como fotografía, vídeo, y su conjunción, con instalaciones tridimensionales. Logra alterar la realidad entendida, modificando el espacio sentido, provocando suscitar sentimientos. Para ello no utiliza la fuerza de un cromatismo exuberante, ni efectos visuales vertiginosos, sino la simple organización de variados elementos de figuración visual, encajados perfectamente, para incitar en el espectador la curiosidad sobre el espíritu escondido tras el blanco. Al igual que éste, la realidad es una ficción manipulada por el pulso de la luz, en una disposición intencional que genera una temporalidad nueva, que oculta la verdadera faz del espacio manipulado.
Puntos oscuros simétricos se reproducen en el cuadro, organizados en un entramado de líneas. Las cuales se deshacen o tienden a completar el orden presentido, generando con la proximidad sombras, volúmenes, pliegues espaciales, o amplios vacíos de albor. Los videos introducen cinetismo, ritmo en los momentos cíclicos de la Sala. Las piezas de composición fotográfica, libres o asociadas al trazo del dibujo, añaden imágenes liberadas, movimiento convulso del flujo de la sombra perfilada, que adivina un contorno.
La instalación de Fernando M. Romero es un estudio profundo sobre el lenguaje visual, el juego mental que sus insinuaciones producen, descrito como una metafísica de la luz.