domingo, 10 de abril de 2022

IVÁN SHISHKIN, UN PINTOR ITINERANTE

 

LA NATURALEZA SEGÚN IVÁN  SHISHKIN

Iván Ivánovich Shishkin (1832-1898) fue un pintor que transformó, junto al colectivo de Pintores itinerantes, el realismo en la Pintura.
En sus piezas se observa un dibujo de gran nitidez y limpieza, reproducción exacta de la imagen, libre de añadidos subjetivos del pintor, que portan ensueños, lírica, sentimientos, en la plasmación del instante vivido. Él se limitó a reflejar su realidad desde una óptica ajena al cuadro, vista la escena con una mirada pulcra, sólo limitada a la reproducción exacta del paisaje vivido. No significa lo anterior que Iván Shishkin reprodujera la realidad como una estampa sin vida, congelada y desangelada, sino que fue tan hábil que comprendió el ángel que anidaba en la Naturaleza, en las circunstancias de su entorno, incorporándolo en el espacio interno de sus composiciones.
Es su obra un canto a la fuerza del paisaje, describiendo la grandeza de las superficies forestales en la inmensidad de los Urales. Supo extraer la energía de sus verdes, la vibración de los rayos solares en sus hojas, el contraste de los claroscuros, la libertad de los campos sin límites.
Es su trabajo plástico una indagación en las sombras de los bosques, persiguiendo el rastro de los genios que modelan el carácter de los que osan habitar en sus dominios. Es por lo que Iván Shishkin contribuyó, junto a su grupo, a descifrar la auténtica alma eslava, aquella que centraba en el hombre la relación con su entorno. La claridad triunfa en sus obras, impulso del esplendor en su fondo, describiendo con un dibujo perfilado, casi de contornos cortantes, las formas que nadan en el color, donde el azul de la inmensidad celeste, y el verde vital, imponen su presencia.
La Pintura realista agotó sus posibilidades en su época, Iván Shishkin fue uno de los culpables de su belleza sin límite.




















sábado, 2 de abril de 2022

JULIO LARRAZ EXPONE EN ESPAÑA


EL PODER DEL RELATO VISUAL

Julio Larraz expone “Paisaje Alternativos” en la galería Marlborough Madrid, hasta el 28 de mayo.

Color intenso, sobre un dibujo sinuoso que escapa de la ilustración, plasmado en piezas que recogen imágenes fugaces, rememoradas por el pintor, en las cuales describe su visión de la realidad, aprensiones, críticas, o simplemente relata la sociedad norteamericana, distanciado de todo sentimiento, así es la obra presentada de Julio Larraz, artista cubano residente en Estados Unidos. Muestra una obra rica en cromatismo, atractivo a la mirada, inductor de evocaciones que desarrollan la historia propuesta, iniciada en un paisaje donde sus protagonistas ejercen su actividad. En este escenario incorpora objetos, señales, efectos, que dirigen la mirada hacia la lectura real de la historia propuesta por el artista. La obra de Julio Larraz surge como historietas elevadas a elaboración artística, envueltas en colores básicos, impregnadas de simbolismo, junto al recuerdo del paisajismo americano de Hopper. Su trabajo plástico está íntimamente ligado a su vida y pensamiento, siendo reflejo de su autor, por lo que su comprensión nos lleva a conocerlo como testigo singular de la realidad, tal y como la interpreta. Es una producción rica en gamas tonales, de visualización ágil, extensa en la narración expuesta. Así es la obra mostrada de Julio Larraz en esta galería.

















viernes, 1 de abril de 2022

FÉLIX DE LA CONCHA EXPONE EN MADRID


TORRES BLANCAS

Félix de la Concha expone en la galería Fernández-Brasso,Madrid. Título: After Fallingwater . Hasta el mayo 2022.

Hay edificios que conjugan en sí conceptos y aspiraciones de una cultura. A veces, en la ciudad diseñada por la racionalidad del pensamiento, sólo con rectas, círculos y ángulos, sin adornos superfluos, dirigido todo hacia una funcionalidad que gobierna el transcurrir diario de sus habitantes, surge la idea divergente, la visión desequilibrante del ritmo visual ideado, apareciendo como nota discordante en el conjunto urbano. Aparece como una intención de cambio, de afirmación que anuncia un nuevo deseo de espacio habitable, lugar de convivencia, trabajo y estética arquitectónica, que introduce elementos decorativos que rompen la rutina geométrica, el trazo ondulante, como islas dentro de la gran isla, pues el edificio describe una convivencia cerrada hacia el interior, que contempla el exterior desde el hogar protector. Introduce en su entorno porciones de la vegetación, naturaleza domada, lo que induce fantasía y diferencia en la villa organizada como centro productor. Mientras que en el resto de bloques de viviendas se descansa, o trabaja, bajo la lógica de la producción, en estos ambientes aislados se disfruta en la evasión del entorno doméstico.
Félix de la Concha elabora su obra con estos rasgos definitorios de la ciudad deseada, en la comprensión percibida al contemplar el proyecto de Francisco Javier Sáenz de Oiza, arquitecto que planificó el edificio madrileño Torres Blancas, el cual convirtió la edificación, insertada en un mundo funcional, como propuesta estética que aspiraba al ensueño de las formas, envuelta en una geometría azarosa, reflejo del orden creativo natural.
El pintor aborda la representación de este hito arquitectónico plasmado con rotundidad, si fuera un espejismo en el tedioso escenario de la ciudad encorsetada en las líneas rectas, delimitado en un dibujo preciso, que es superando por la fuerza cromática incorporada, resaltando la carga del color, su influjo y lenguaje sensitivo. Esplendor, descubrimiento, asombro, se describen en la lectura visual de los tonos impresos, confundido todo en el destello rutilante solar, que deshace la placidez de los colores. El entorno urbano aparece marcado con fuerza en sus trazados, contrastando con la suavidad lineal representada en Torres Blancas; es así como el artista modula el mensaje que quiere transmitir a través de este conjunto residencial.
Félix de la Concha posee un estilo directo, de poderoso impacto visual, rico en sugerencias y evocador de sensaciones varías, mostrando con sencillez su ideal de ciudad y vida. En sus piezas la luz marca el orden de su contemplación. 












LA PINTURA DE VÍCTOR GARCÍA GÓNGORA

 

SON DE LUZ MEDITERRÁNEA

Halo envolvente de luz mediterránea, en la salinidad del agua, espacio de misterio. La luz estalla en las figuras para modularse en dorado destello, símbolo del tiempo eterno que subyace en su ser, en la encrespada superficie, en los amaneceres y ocasos donde el Sol esparce su flujo áureo que se torna en naranja, rosáceo y verde, en su estallido final de la jornada.
Víctor García Góngora, artista almeriense de variada producción plástica, expresa estas sensaciones en sus piezas últimas, apuesta de arte sentido, que sumerge al espectador en el verbo interminable que permanece en las costas del mar eterno. El oleaje es preludio de su extensión, lenguaje a través del cual relata las infinitas historias que guardan su memoria. Mar misterioso, más brillante, mar eterno, espacio de fantasías, de seres imaginados, superficie de caminos diversos, encuentros e intercambios, impresiones que surgen al contemplar su luz crepuscular en una tarde tranquila.
El pintor traduce muy acertadamente estas sensaciones en las obras expuestas, donde seres sin rostro, marcados por el tiempo, danzan en el interior marino, ajenos al pulso cambiante de las horas. Trasmiten serena contemplación de los momentos gozosos, ajenos al ajetreo de la rutina vulgar, que muchas veces se apoderan de nuestras vidas. Ellos están ahí, encerrados en sus espacio enmarcado, ventana de un mundo de mitos y ensoñaciones, en una danza sin fin.
Víctor García Góngora nos los describe a través de figuras de siluetas sensuales, curvadas, siendo esta imagen quien induce el pensamiento de influjos clásicos.
Danzan, bajo el agua, lo cual nos propone otra idea, el resto de la memoria de aquellos que sucumbieron bajo su poder, que se unieron en su eternidad.
La obra presentada por este artista posee un brillo de estructura calculada, como si una pieza de oro ajado se ofreciera al observador. En ella los seres, que allí se representan, viven ajenos a todo, siempre están. Evasión, sueños y evocaciones se conjugan en las escenas. Atrapan la atención del espectador, lo sumen en su acción, y a partir de ahí lo envuelven en sus aventuras.
Es una creación plástica fresca, dinámica e inteligente, la realizada por este pintor, pues sin abandonar la fuente de la tradición estética actualiza su presencia, resumiendo en su imagen el contenido del tiempo pasado, presente y futuro, todo está en ella. Y sin embargo aparece simple, sencillo, sin enrevesadas formulaciones estilísticas que al final no dicen nada.







martes, 29 de marzo de 2022

MANUEL RUIZ EXPONE EN ALEMANIA

 

UN PINTOR GRANADINO EN ALEMANIA

Manuel Ruiz rompe las formas para transformarlas en color, ordenado y paciente, pues no se desborda, sino que se ajusta a la figura descrita por el pintor. Presenta cuatro piezas de gran fuerza expresiva, donde el artista supera su línea argumental plástica, para proponer una visión actual de la obra de Lucas Cranach el Viejo.
Con motivo del quinientos cincuenta aniversario del nacimiento de Lucas Cranach, se celebrará en la ciudad alemana de Kronach un homenaje, en el mes de julio, a su obra y figura, siendo invitado este artista granadino a participar con sus cuadros en la exposición, que tendrá lugar en el conjunto de actos comprendidos en tal evento.
Manuel Ruiz propone cuatro piezas plenas de color, poderosas gamas que sujetan la composición con fuerza en la mirada, intensidad profunda que rompe la apariencia para quedar impregnada como destello recordado, ayudando a descomponer la realidad aparente para penetrar en el sentido de la obra del pintor homenajeado.
Lucas Cranach el Viejo fue un artista del siglo XVI, quien, desde la herencia estética del gótico tardío, introdujo el humanismo clásico en la pintura alemana de su tiempo. Centró la representación plástica en la persona, en el mundo terrenal como idílico recuerdo del Paraíso perdido, evocando formas clásicas. Introdujo el nuevo enfoque renacentista en la plasmación de la realidad, perfección de un mundo sujeto a la lógica y proporción, en pos de una renovación de ideas, y exaltación de la existencia terrenal mediante la representación del paisaje como elemento importante dentro de un cuadro.
Lucas Cranach el Viejo fue un devoto seguidor de Martín Lutero, siendo su labor artística sustento ideológico de la doctrina de este reformador. En su obra intenta conjugar la espiritualidad medieval con la nueva visión terrenal de la existencia, centrada en la persona y su trato directo con el Creador.
Manuel Ruiz interpreta la sustancia de su pintura y la desarrolla en sus composiciones, mediante una figuración de poderoso peso expresivo, que hunde el plano para generar evasión infinita en el fondo del cuadro. Cada una de sus producciones constituye un relato transcrito en elementos simbólicos de lectura sin fin, siempre hay un detalle, o sugerencia nueva, que surge en su contemplación.
Este paciente pintor granadino crea en silencio, siendo su obra solicitada mas allá de nuestras fronteras. Es una de las figuras artísticas de nuestra ciudad que merece ser destacada.