domingo, 10 de noviembre de 2024

EXPOSICIÓN DE ANA RIVAS FERNÁNDEZ

 



UNA PINTURA INDEPENDIENTE



Autora: Ana Rivas Fernández. Título: Granada, luz de mis sentidos. Lugar: Sala de Arte Enrique Seijas ( Colegio de Gestores de Granada, Jaén y Almería) Hasta el 2 de diciembre.


Posee Ana Rivas Fernández una pincelada fresca, henchida de color, de cuyo trazo surgen una amplitud de temas tratados en sus piezas. No pretende esta pintora buscar registros innovadores en su trabajo plástico, sino que se centra en profundizar la esencia de los motivos que conforman su obra.
Juega con el color, siendo sus combinaciones, y acoplamientos, un ejercicio acompasado a un ritmo modulado de tonalidades, ajenas a saltos de intensidad, sujetas a cambios suaves de cromática topografía, logrando obtener composiciones de visualización tranquila, centradas en la impronta del color, duende que dota de significado a la realidad que cubre con su presencia. Sean paisajes, bodegones, juegos florales o escenas urbanas, la pintora elabora relatos descritos a través de gamas susurrantes, las cuales se abren en sus azules contenidos o verdes silenciosos. Hay escenas en las cuales la pintora introduce misterio sensitivo, que destacan de lo común expuesto, suponiendo chispazos creativos de las posibilidades que su oficio pictórico guarda.
Ana Rivas Fernández es una artista sincera, alejada de extrañas experiencias, cuyo objetivo es insistir en su técnica, mejorarla, olvidada la estructura del dibujo para adentrarse en la sinfonía cromática contenida en sus piezas, la cual discurre sin estridencias, en un tono suave, trasmitiendo sosiego a la mirada, belleza sencilla comunicada en la observación de su obra, reflejo de una alegría vital contagiada.
Interesante exposición la propuesta por esta pintora.






















viernes, 8 de noviembre de 2024

CÁDIZ EN LA MEMORIA, SEGÚN CANDI GARBARDINO

 


SUSPIROS VISUALES DE CANDI GARBARINO


Autora: Candi Garbarino. Título: Levante en calma. Lugar: Galería Benot
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A diferencia de lo interpretado por otros, es la obra de Candi Garbarino un destello de la fantasía surgida del tiempo en calma, sumido en la luminosidad lánguida, del espléndido mediodía canicular gaditano. Siendo esta fantasía la expresión del encuentro de la pintora con la realidad oculta, que subyace tras la apariencia temporal de la rutina, sometida a cambios y estaciones. Ella penetra en el seno de la luz, que anega su mirada, para descifrar las tintineantes imágenes que el momento gozoso describe, acertando a descubrir, liberada su razón lógica, la esencia que sustenta el paisaje. Recrea efluvios sensitivos del solar antiguo de la ciudad, cuando era puerta de entrada de paraísos inexplorados, en la época de veleros cargados de aromas de tierras lejanas, sueño de aventureros, naturalistas, gente curiosa ávida de conocer los misterios del planeta, también alegría para comerciantes. En esa sociedad abierta a la novedad traída a su puerto, transcurrían los días iguales, felices, envueltos en una imaginación soñadora, romántica.
Esa época la percibe Candi Garbarino, expresándola en su obra con fugacidad cromática, ahogado el tenue esquema dibujado en el rastro del color, el cual transcurre como mancha fluida, desasosegada y sin intención de permanecer en la superficie enmarcada. Son sus piezas como suspiros visuales, apreciaciones frágiles en aparente inestabilidad temporal, reflejo del efecto que quiere introducir la pintora en su trabajo plástico. Recrea la ensoñación del momento perdido en las horas perezosas del mediodía, cuando la rutina invade la estancia, quedando la atención presa de la nada, chispazo instantáneo que descubre la memoria que impregna rincones y paisajes, extrayendo las plantas de su realidad para encasillarlas en la clasificación botánica, cuando suponían una sorpresa evocadora de tierras lejanas.
Candi Garbarino evoca el Cádiz romántico, la ciudad siempre luminosa abrazada a la eternidad.




























miércoles, 6 de noviembre de 2024

MEDITERRÁNEAMENTE DE ALFONSO OCÓN

 



LOS COLORES DEL CABO


Las olas de color invaden la mirada. La anegan y seducen para incorporarla a su universo cromático. Alfonso Contreras Ocón sucumbe ante el espacio bravío, sometido al caos de sensaciones, que el entorno marino produce. Las olas rompientes, el silbido del aire, su roce fresco, el azul envolvente, el rumor permanente roto por el graznido de las gaviotas, sobre el ocre blanquecino de la arena, generan en el pintor un estado creativo seductor, extrayéndolo de la realidad temporal, para introducirlo en el fondo cromático del ambiente, contemplando solo color, respirando color, sintiendo color.
Inmerso en la soledad de las playas del Cabo de Gata, se funde con el entorno, participa de sus rumores, del fluir cambiante de sus esencias, arrastrado por los cantos ocultos de sirenas engañosas, para atraparlo en el ciclo perenne de la irrealidad. Capta este creador plástico todas estas experiencias, salvándose de su influjo para narrarlas en su pintura.
Esta experiencia es reflejada en las piezas que muestra en su exposición, en las cuales se desprende el artista de la estructura lineal, esquemática, de trazos profundos, que sostenían sus producciones plásticas, para expresarlas como campos de gamas estructuradas, según la sucesión que la mirada percibe, o en superposición, cuando se fuerzan mutuamente las radiaciones en su deambular por el ambiente.
Alfonso Ocón capta todas estas sensaciones visuales, reflejándolas en sus piezas, en las cuales es el instante tonal el plasmado en ellas. Introduce el pintor al observador en ese espacio especial, cuando la percepción ahonda en el trasfondo de los signos definidos por la razón, para ir más allá de las apariencias, y penetrar en el seno cromático del paisaje, energía danzante, vibración cuan letanía permanente, que recita sin cesar el susurro de los genios del lugar.
El pintor describe con sencillez compositiva la escena contemplada, sin artificios extraños, sólo con el trazo tonal oportuno, descubriendo, en la contemplación de su obra, el ánima que se esconde en el paisaje. Ésta es la que le da vida, penetra en la mirada, arrebata la razón, generando un estado de trascendencia ante la belleza desvelada.
Alfonso Ocón demuestra su habilidad pictórica, en la amplitud de registros plásticos presentes en su obra, consiguiendo elaborar piezas de gran calidad expositiva.
Se puede visitar esta exposición, cuyo título es “Mediterráneamente”, en el Gar Anat Hotel Boutique, Granada, hasta el 10 de noviembre.












martes, 5 de noviembre de 2024

EN ESTAS FECHAS







VÍSPERAS DE DIFUNTOS


La historia de fantasmas y aparecidos hunde sus raíces en la tradición de todas las culturas. En el mundo clásico encontramos numerosos relatos sobre apariciones espectrales, caso de Numenio de Apamea, como también Plutarco, en su obra “Farsalia”, o Apuleyo, en el “Asno de Oro”, quienes distinguieron en estas presencias fantasmales a espíritus benefactores, ángeles, o malignos, daimones.
Otros autores del clasicismo, que relatan encuentros con espíritus de difuntos, son Homero, en la “Odisea”, Luciano de Samosata en “La Casa Encantada”, “La Amante fantasma” de Proclo, o “La lamia de Corinto” de Filóstrato.
Plutarco, como posteriormente Tertuliano, diferenciaban distintos tipos de entes aparecidos, siendo unos los espectros, otros los fantasmas. Además, Plutarco hablaba de “sombras”. Incluso ambos ponen en duda que procedan del inframundo de los difuntos, sino que pueden ser espíritus malignos o elaboraciones ficticias de la mente.
Los fantasmas que se aparecen son casi todos daimones, pudiendo hacerlo en cualquier época o momento del día, pero la mayoría de las narraciones, sobre su presencia en este mundo, coinciden que lo hacen en las horas de la madrugada más oscura, siendo la época del año más propicia las semanas finales de octubre y primeras de noviembre. La noche de Difuntos es el momento, según la tradición, más álgido para su retorno a este mundo. Aunque para los romanos, como los germanos, otra época propicia era la noche del treinta de abril, así como todo el mes de mayo.
En la Antigüedad, los difuntos aparecidos necesitaban una libación de sangre para poder hacerse presentes. Homero lo recoge en “La Odisea”, cuando Ulises desciende al Hades, y Tiresias conversa con la madre del héroe de Ítaca. Es frecuente la aparición de espectros, sombras o fantasmas en los campos de batalla, o épocas violentas. Más que sangre absorben energía vital, fuerza anímica de los vivos, dejando a éstos sumidos en la enfermedad. Los espíritus, como los dioses, exigen sangre o sacrificios, para hacerse presentes.
Aristóteles decía que el alma está constituida por una parte vegetativa, otra animal, y la parte superior, inmortal y divina, llamada “nous”. Es por lo que podría distinguirse la sombra como impregnación, y apariencia informe, sin inteligencia; los espectros, con figura definida, reflejo del alma animal, sin memoria y consciencia existencial, que repiten conductas de forma mecánica, sin interaccionar con el entorno; y los fantasmas, nous perdidos entre las dos realidades, que interaccionan, afectando de forma intencionada a los vivos.

domingo, 3 de noviembre de 2024

SOLO ES UNA LEYENDA

 


UNA NOCHE PARA OLVIDAR


Un escritor madrileño, a finales del siglo XIX, tuvo noticias del cerro Merlin, interesándose por las leyendas que lo rodeaban. En sus frecuentes viajes a Sevilla, se desvió para acercarse a la Villa de Arquillos.
Era una noche triste de noviembre, húmeda, silenciosa. Nadie del pueblo conocía las leyendas que él refería, pues era lógico, sus habitantes, en su mayoría, eran descendientes de colonizadores alemanes llegados a Sierra Morena, casi cien años antes. Aburrido ante el tedio reinante el casino, donde en las altas horas de la madrugada los contertulios pasaban sus noches jugando a los naipes, o cuchicheando el último rumor del pueblo, decidió salir y dar un paseo por la población. Las calles estaban casi en la oscuridad, tenues lámparas servían de guía, imaginando en las sombras seres fantásticos o peligros físicos reales. Mas nada le perturbó en su paseo por la calle principal, pasó ante la Torre del Reloj, en medio de una plaza desierta, llegando hasta las afueras, donde había una fuente con tres caños. Todo era sopor, abandono y olvido, oscuridad y soledad. Le llamó la atención unas luces que pasaban por la parte superior de la fuente, dirigida hacia la parte alta del pueblo, quedó extrañado ante tal visión. Según se acercaba la comitiva, contempló que los procesionantes vestían hábitos. Quedó sobresaltado, pues estaba contemplando la Santa Compaña. Huyó despavorido, yendo a refugiarse de nuevo al Casino, lugar donde se hospedaba. Al relatar su visión, un paisano, llamado D. Ignacio, le dijo que sí pudiera ser lo que había visto, pues eran muchos los vecinos que así lo confirmaban. Al día siguiente tomó la diligencia y marchó hacia Sevilla, quiso olvidarse de la mala experiencia de aquella noche.