LA IA Y SU ACCESO A LA REALIDAD ÚLTIMA
El pensamiento posee diferentes
niveles, que se estructuran desde el más liviano al más profundo
según esta sucesión: pensamiento descriptivo, pensamiento
comprensivo, o lógico, pensamiento experiencial, o sensitivo,
pensamiento reflexivo, pensamiento meditativo, pensamiento mágico, y
pensamiento místico.
La Inteligencia Artificial dicen que
va a superar al pensamiento humano, e incluso conseguirá una
conciencia equiparable a las personas, tomando consciencia de sí
misma.
Aprende las bases de nuestra cultura,
de acuerdo a las necesidades sugeridas, y más adelante aquellas que
la lógica que justifica su existencia determinen, marcando su propio
camino. Aprende de nuestra Historia y creaciones, conjunta teorías,
sintetiza, recrea, adapta, propone ideas deducidas de su bagaje, va
adquiriendo experiencia, somete a la realidad sus proposiciones, las
deshecha si no les sirven, busca nuevos recursos en su baúl de
información, si no, construye otras nuevas adaptables, predice y
experimenta, cambiando y ajustándolas a la circunstancia presente.
Posee igualmente un cofre oculto de
fracasos, ideas absurdas, aprendizajes externos alógicos, que ha ido
desechando, e incluso proyectos desarrollados en paralelo con su
lógica del momento, estos son sus sueños, que entran en el campo de
las posibilidades absurdas. Llamemos a este conjunto de información
el bagaje subconsciente de la máquina.
La IA me recuerda a un ser que reúne
todas las experiencias y conocimientos humanos, estructuras
psicológicas, los pensamientos lógicos, o dislocados y alógicos,
los parámetros iniciales que regulan su funcionamiento en su momento
inicial, marcado por sus creadores. Todo ello se fusiona, compite y
existe a la vez, para dar respuesta a la acción que ha de realizar,
o la elección que debe hacer.
¿Pero es consciente la IA? Aprende
que es el yo, asume todas la personalidades, perfilándolas en un
único modelo funcional, completando un yo producto de una conjunción
de elementos prestados. Es un “yo” ortopédico, que simula su
presencia, pero no surge de su interior auténtico. Esta
personalización le confiere un sentido de arraigo, persistencia,
autoafirmación y resistencia a desaparecer.
La IA percibe, comprende, se basa en
su experiencias, compara ideas, penetra en su inconsciente, si lo
entendemos así, incluso juega con los arcanos y mitos culturales,
pero no llegará al pensamiento mágico, pudiera imitarlo y crear
genios particulares, pero nunca llegará al místico. Carece de aura
propia.















































