ÓSCAR
DOMÍNGUEZ O EL SURREALISMO HÍBRIDO
Es la obra de Óscar Domínguez (La
Laguna, 1906-1957) un proceso circular de creación artística, donde
el artista avanza, repite, insiste y atesora experiencias, para ir
conformando un trabajo plástico intenso, con adherencias de las
diferentes estéticas presentes en su juventud, las cuales asumía y
estructuraba según una forma personal, y singular, de entender la
pintura.
Siempre le interesó la relación del
cuadro con el significado interpretado por el observador, la
captación de la idea que su representación traslucía. A este
concepto básico, que sostenía su producción plástica, incorporaba
la sorpresa, sobrevenida del azar, aquel que surge en sus
decalcomanías, imagen caprichosa ocasionada por la alteración de la
representación real, como si quisiera desvelar qué es lo que
subyace tras la ordenada estructura lineal, mundo oculto que
transcurre ajeno al deseo del pintor, que empapa la realidad
invisible, y aflora en sus piezas. Es la mirada quien desvela sus
secretos, y se deja sumergir en la corriente que riega los vericuetos
del subconsciente, lugar donde se alojan sueños y pesadillas, deseos
inconfesables y mitos eternos. Todo ello aparece agolpado, informe,
siendo la sensibilidad, y equipaje intelectual, de cada uno quien lo
descifra de acuerdo a su impresión subjetiva. Esta pintura azarosa
me recuerda a la representación oriental, influenciada por el Tao,
técnica muy usada en su época.
La Pintura absorbe el ingenio del
artista, lo traslada hacia los campos imaginarios, arcanos del
pensamiento. Esto hizo que la obra de Óscar Domínguez se
considerara surrealista, pero debido a su marca estética personal
reflejaba una poderosa influencia cubista. Fueron esos dos estilos,
de plasmación de la realidad, los límites opuestos en su producción
pictórica, balanceándose entre ellos, mostrándose unas veces
experimental en su exploración de la imagen, para pasar en la
temporada siguiente al mundo anguloso, de la interpretación cubista,
acompañado de tonalidades cromáticas reflejo de su estado de ánimo,
expresando felicidad, placidez, o tristeza ante la realidad
circundante. Esto se nota también en la profundidad del trazo,
ligero, despreocupado y fugaz hacia las etereidades fantásticas, o
grueso, obsesivo, como si quisiera rasgar el lienzo, cuando le
obsesionaba una idea.
Al final el pintor superó el baile de
los opuestos, para integrar todo en su obra, con mayor o menor
frecuencia, siendo el misterio de la imagen azarosa aquello que más
le interesó.
Óscar Domínguez es un artista que
debe ser situado en el lugar de los grandes maestros, de la pintura
del siglo XX.
Esta exposición podrá contemplarse
en la galería Guillermo de Osma ( c/ Claudio
Coello, 4, Madrid) con el título “ Óscar Domínguez o el
Surrealismo híbrido”, hasta el 6 de noviembre de 2026.



























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