El fracaso escolar depende del nivel de exigencias contenido en los criterios de evaluación. Por lo que se puede deducir que representa un concepto relativo, aplicado a conveniencia, de acuerdo a lo que se quiere obtener para un grupo de personas seleccionadas, con un un nivel de conocimientos superados.
El concepto de fracaso escolar surgió para determinar aquellas personas que no encajaban en un modelo común establecido, de habilidades y conocimientos mínimos adquiridos. Con el aumento de la escolarización, la etiquetación de fracasado escolar fue aumentando, llegando a constituir un factor de medida de la eficacia de un sistema educativo, para más tarde constituir un referente que medía su calidad.
Vistas las cosas así, tiene sentido afirmar el sentido variable del concepto de fracaso escolar, en el que se mide el grado de formación académica establecido para un conjunto de alumnos.
Pero este concepto es más amplio si se varía las finalidades mismas del proceso educativo. Pues en vez de querer establecer un modelo estándar de formación básica conseguida, debería aplicarse a la individualidad de cada persona, atendiendo a sus singularidades cognitivas, de carácter, apetencias y sobre todo a las habilidades naturales poseídas. Cada persona es un mundo, por lo que al considerarla así el modelo de evaluación aplicado, en la actualidad, no atiende estas diferencias.
Se puede decir que un sistema educativo que atienda todas esta diversidad es una
entelequia, difícil de aplicar con un ratio alto de alumnado. Pero si se cambia de metodología educativa sí pudiera ser posible, pues basta conocer a cada alumno y
adaptarle un plan específico de estudios, atendiendo a los distintos tipos similares de personalidad. Previamente hay que realizar una formación común, en lectura y cálculo, además de enseñarles como planificar sus objetivos de estudio, que permita a cada una de las “inclinaciones” intelectuales, o manipulativas, dirigir su formación autónoma y plena, dentro de unas pautas comunes de respeto y convivencia.
La función de los profesores es conocer a su alumnado, saber qué inclinaciones naturales poseen, y ayudar a desarrollarlas.
El problema que puede surgir es la no predisposición del alumnado a ser formado, debido a factores externos a la Escuela, sea de índole familiar o entorno social. Entonces más que hablar de fracaso escolar deberíamos decir fracaso social. En la actualidad también se da este fracaso.
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