martes, 21 de julio de 2020

MARÍA J. MORENO EXPONE EN LA GALERÍA ALFAREROS

CIELO Y TIERRA

Autora: María J. Moreno. Título: Pájaros raíces. Lugar: Galería Alfareros, Almería. Fecha: Hasta el 24 de julio.

La pintora se adentra en el denso cosmos del ambiente, para explorar las esencias que lo sostiene, recorriendo senderos sinuosos, ocultos en los pliegues de la luz.
María José Moreno es una creadora inquieta y prolífica, cuya obra siempre gira en torno a la realidad primigenia del paisaje del Cabo de Gata. Ahonda su mirada en los campos abiertos, sumidos en la luz cegadora, que aparece turbia por el efecto de los remolinos polvorientos, el cielo y el azul de sus costas. Este efecto hace que se produzca un espacio neblinoso, de luminosidad turbia, arrasada por los vientos, calor apelmazado en verano que arrasa ardiente todo a su paso, o cortante y desabrido en invierno.
La autora siente el paisaje, se funde en él, y quiere expresarlo a través de sus piezas, configurando un lenguaje sensitivo, sencillo y directo, que consigue penetrar en el entendimiento. Utiliza una iconografía visual portadora de un gran peso emotivo, gracias al cual consigue que el espectador penetre en el sentido de su obra, la comprenda y sea atrapado en las evocaciones que sugiere.
En el relato de Maria J. Moreno se aúnan cielo y tierra, lo eterno y el fluir constante, la tradición y la libertad, conjuntados ambos elementos por el torbellino luminoso que todo lo anega, o si no por la humedad de sus atardeceres, tristes y solitarios de invierno. El mar, como testigo mudo, todo lo ve, y participa del encuentro entre la permanencia y el cambio. Este es el distintivo del lugar, excelentemente narrado por esta pintora en las composiciones que ofrece.
Como motivo que justifica el concepto central del relato expuesto, recurre a los textos brillantes de José Ángel Valente, gran místico de la Luz, enamorado de Almería y sus tierras. El poeta cantó la libertad aérea de los campos despejados, el roce del viento, cuando con sus silbos nos cuenta historias interminables sobre los lejanos parajes de su procedencia, extasiado ante el albor cegador que lo cubre todo, bajo la cúpula azul. Es por lo que en unos de sus textos se postra exhausto ante la inmensidad del espectáculo, pues este conjunto descrito no es la imagen objeto de su devoción, sino la posibilidad que ofrece su desnudez para que el espíritu muestre su plenitud, no se distraiga, y busque el rastro del Amado.
Comprende muy bien María J. Moreno esta idea, expresándola con sobriedad, equilibrio, limpieza visual y alto grado de sensibilidad, soltura y alegría, utilizando como símbolos las raíces, el vuelo de los pájaros y el viento perenne.

















lunes, 20 de julio de 2020

LA PINTURA DE EDUARDO SÁNCHEZ MARTÍNEZ

EL PINTOR DE CANTORIA

Fuerza, impacto visual y evocaciones, están presentes en la obra de Eduardo Sánchez Martínez, pintor nacido en Cantoria. Este artista vive enfrascado en su obra, trabajando en la búsqueda de una expresión sencilla en su contemplación, portadora de un cúmulo de sensaciones prestas a desbordarse.
Eduardo Sánchez posee una producción plástica de resultado conciso, libre de aderezos innecesarios, pues conecta con la raíz del entendimiento del observador. Su elaboración constituye un proceso tortuoso, lleno de horas de trabajo silencioso, dura experiencia donde el artista sufre en el desarrollo de su creación. Va depositando signos de vida en cada uno de los puntos que añade en el blanco del lienzo, o papel, despejando del albor de la superficie condensaciones de grises o zonas de motas diluidas, esculpiendo las formas en el fondo del lienzo. Su actividad creativa es constante, rutinaria, envuelta en la bruma de los días que se van agolpando silenciosos en el pasado, en el transcurrir de las horas de la luz.
Este pintor puntillista va dejando parte de su vitalidad en cada rasgo que arranca al blanco del cuadro, consiguiendo que sus piezas tiemblen en la mirada, sobre todo si se trata de retratos, cuya expresión infinita abre caminos para adentrarse en sus pupilas, navegar en las historias y fantasías que suscitan las evocaciones de los rostros, y figuras, contenidos en cada pieza. Como buen pintor de Almería se siente atrapado por la singularidad de su paisaje, recreándose en los rincones que guarda el Valle del Almanzora, sus montes pelados, como también los oasis encerrados en sus ramblas, ricos y exuberantes, refugio donde encontrar el frescor y anhelo del paraíso perdido. No ofrece estas expresiones formas preciosistas, ni están tocadas de algún suspiro lírico, sino que muestra sus escenas con reciedumbre, independientes de la opinión apreciativa para ser, pues existen porque sí, debido a la fuerza inferida por el autor. A veces sus dibujos son casi esquemas que definen el medio, siendo la persona, el animal o vegetación, el único merecedor de ser presentado con sus detalles, destellos de su historia presente, deshaciéndose la imagen según se traslada la mirada hacia la periferia, donde el fulgor de la luz lo envuelve todo.
Es parco en el uso del color, y cuando lo utiliza es para relatar el detalle, o dar forma nebulosa al espíritu, o sentimientos, presentes en el entorno. Usa un cromatismo equilibrado, sin intensidades ni grandes contrastes, aportando elegancia a su obra.
 
 
 

miércoles, 8 de julio de 2020

SIXTO RODRÍGUEZ Y SU MÚSICA

Rodríguez, feliz descubrimiento

Cadencia, frescura, melancolía, roce de sentimientos que fluyen acoplados en la melodía, cantados por una voz sencilla, pero cortante, limpia, conectada al corazón, así suenan las canciones de Sixto Rodríguez.
A veces parecen letanías, como en “Sandrevan Lullaby”, que se mezclan con sonidos de optimismo, vida que transcurre, paso por la existencia, resignado y comprometido con su realidad.
En “I'll Slip Away” Sixto Rodríguez resume todo su estilo, mostrando una poesía directa, popular, sinuosa, que se derrama suavemente en el entendimiento, describiendo la realidad social, del entorno de los marginados del sueño americano, expresado de forma más directa y sin florituras verbales en “Wonder”. Pero este cantautor no se sume en la tristeza, como tampoco en la ira y denuncia reivindicativa, sino que expresa sus ideas para concienciar a todo aquel que oiga sus canciones. Es por lo que sabe transmitir su mensaje con estilo, elegancia, dejadez, y ritmo descendente, alterado con elevaciones moduladas y romas, como ocurre en “Streep boy”. Es un artista comprometido con su presente, que ha conseguido ser reconocido como uno de los solistas de culto de los setenta. No encajó en su tiempo con los cantantes disfrazados, irreales, productos visuales para las masas, como tampoco en el canon norteamericano, pues no era anglosajón, sino un hispano. Presentándose este autor siempre auténtico, tal y como era. Hablaba a la gente de sus problemas, de las ilusiones que le arrebataban sus sueños, del día a día, que cae cada amanecer con todas sus limitaciones y sorpresas.
De todas sus composiciones me quedo con dos piezas, una es “Sugar Man”, creación icónica de este cantante, donde se resumen las cualidades que alberga su repertorio. También me gusta “ Cause”, balada triste, sin caer en la desesperación, recitada como una melodía intimista, lejos del grito blandengue, y del regusto reconcentrado del perdedor, mirando la vida como es, con valentía y ganas de transformarla para mejorarla, no con pretensión de arruinar la estructura de como se presenta en sociedad, sino buscando eliminar sus imperfecciones, para hacer posible el sueño americano a todos los ciudadanos.
Sixto Rodríguez (Detroit,Michigan1942) más conocido como Rodríguez, fue ninguneado, no percibido por la invisibilidad impuesta por el comercio y la mediocridad, pero la casualidad de una cinta de casetes, que se hizo famosa en la Sudáfrica rebelde de los ochenta, y el paso de su fama al entorno australiano, hizo que se descubriera su música.
 
 
 


lunes, 6 de julio de 2020

RECORDANDO A LUIS CAÑADAS

LA LUZ EN LA OBRA DE LUIS CAÑADAS

Autor: Luis Cañadas Fernández. Título: Obras de Luis Cañadas. Lugar: Galería Acanto. Fecha: Hasta el 19 de septiembre.

La obra de este pintor se caracteriza por la sólida sustancia del color aplicado y la rotundidad de su dibujo, el cual se diluye por la impronta de los tonos utilizados. Éstos configuran un relato estético que provoca claridades en la mirada, modulando el sentimiento que se va suscitando en el desarrollo de su visualización.
Luis Cañadas Fernández (Almería,1928-2013) formó parte del grupo fundador del movimiento indaliano, propuesta original, distinta y renovadora, que exploró el sentido de la existencia, siendo atrapados en su proceso de creación plástica por la fuerza del paisaje, sus gamas ocres, verdosas y marrones, el influjo del azul de su cielo y mar, bajo el imperio de la luz. Esta mezcla de sensaciones modificaron la base geométrica inicial de sus composiciones, para reflejar el espíritu del color luminoso y el trasfondo de la realidad dominante.
En la obra de Luis Cañadas de su última época, comprendida en la muestra aquí comentada, se observa una suavización cromática, una introspección de los temas, centrando la mirada en la privacidad de la persona, expuesta en las piezas donde el artista se recrea en los interiores, en los vacíos que sugerían ausencias, tiempo que transcurre en silencio, explicando la personalidad de sus habitantes, aunque siempre los paisajes ocupan un lugar preferente. En estas obras se contempla una mayor intensidad del color, apareciendo campos percibidos como manchas cromáticas, logrando el autor atravesar la apariencia de las formas para entender el lenguaje de la luz, que define los espacios por donde transcurre. No se recrea en los campos secos, ni en los pueblos de estructura geométrica sucumbida en los blancos azulados. Presenta en sus últimos paisajes un campo distinto, con capas de vegetación, arboledas que rememoran el encuentro con el mundo de la fantasía, mas superpone estas imágenes en los espacios agrestes del pasado. Luis Cañadas abandona en éstos el soporte geométrico de su pintura, para componer estructuras de manchas combinadas, cuyo resultado visual ofrece nuevas perspectivas para comprenderlo. En estas piezas no es el paisaje quien se presenta, y explica, ante el observador, como tampoco quiere entablar un diálogo entre ambos, sino que se propone como un escenario donde el espectador se hunde en las sombras que la realidad oculta.
Acompañan este conjunto de óleos, una serie de acuarelas de gran sencillez y sutileza creativa, donde el autor aligera el dibujo, y su paleta, para mostrar una mirada intimista.