jueves, 29 de noviembre de 2018

FRANCISCO CARREÑO EXPONE DE NUEVO EN GRANADA



LA HUELLA CROMÁTICA IMPONE SU PESO


Autor: Francisco Carreño. Título: Monumentos de la Dobla de Oro. Lugar: Galería Ceferino Navarro, Granada. Fecha: Hasta el 19 de diciembre.

Persigue el pintor la magia de la imagen, buscando en su trasfondo la fantasía, la ensoñación en el recuerdo, la sorpresa contenida, intentando proponer una obra que responda siempre a los anhelos de la libertad visual del observador, cuando busca evadirse de la realidad cotidiana. Utiliza el color como lenguaje, cuyos tonos, cuan signos simbólicos, desarrollan un relato sensitivo.
Francisco Carreño aborda en esta ocasión temas granadinos, sus paisajes, monumentos y rincones, como es el caso de los Monumentos de la Dobla de Oro, incorporando su trabajo en el cuerpo central que mueve su producción plástica. Se fundamenta ésta en la expresión de la imagen más allá del detalle apreciado, impregnándose del espíritu que transmite, la intuición que suscita, el ambiente enriquecido con la percepción del artista, creando una obra que interacciona con el espectador, permitiendo que participe de la escena propuesta para que pueda integrarse, nadar en sus espacios idealizados, reflexionar sobre el yo del individuo, el entorno o el tiempo, incorporando pasado, presente y futuro. Logra decir siempre algo nuevo, según sea la luz, el estado anímico, o el sentimiento imperante en esa hora.
La huella cromática impone su peso en la obra de Francisco Carreño, pues es la base sobre la cual asienta todas sus creaciones. Conjunta esta idea con la evocación de la imagen plasmada, aliñadas todas las piezas con la gracia compositiva del autor.
Excelente exposición de este pintor, en la cual da un giro más en torno al eje que mueve sus producciones plásticas, la relación de las formas y el color.






domingo, 25 de noviembre de 2018

EN EL OTOÑO




Fyodor Vasiliev
 
 
 
El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.
 
Ángel González
 
 



 Miguel Peidrò
 
 
En el parque, yo solo...
Han cerrado
y, olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejado.

La hoja seca,
vagamente,
indolente,
roza el suelo...
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada...

Solo
en el parque me han dejado
olvidado,
...y han cerrado.

Manuel Machado





Annibale Carracci


Tan, tan.
¿Quién es?
El Otoño otra vez.
¿Qué quiere el Otoño?
El frescor de tu sien.
No te lo quiero dar.
Yo te lo quiero quitar.

Tan, tan.
¿Quién es?
El Otoño otra vez. 

Federico García Lorca

 
Egidio Antonaccio 
 
Nos dicen: Sed alegres.
Que no escuchen los hombres rodar en vuestros cantos
ni el más leve ruido de una lágrima.
Está bien. Yo quisiera, diariamente lo quiero,
mas hay horas, hay días, hasta meses y años
en que se carga el alma de una justa tristeza
y por tantos motivos que luchan silenciosos
rompe a llorar, abiertas las llaves de los ríos.
Miro el otoño, escucho sus aguas melancólicas
de dobladas umbrías que pronto van a irse.
Me miro a mí, me escucho esta mañana
y perdido ese miedo
que me atenaza a veces hasta dejarme mudo,
me repito: Confiesa
grita valientemente que quisieras morirte.
Di también: Tienes frío.
Di también: Estás solo, aunque otros te acompañen.
¿Qué sería de ti si al cabo no volvieras?
Tus amigos, tu niña, tu mujer, todos esos
que parecen quererte de verdad, ¿qué dirían?
 
Sonreíd. Sed alegres. Cantad la vida nueva.
Pero yo sin vivirla, ¡cuántas veces la canto!
¡Cuántas veces animo ciegamente a los tristes,
diciéndoles: Sed fuertes, porque vuestra es el alba!
 
Perdonadme que hoy sienta pena y la diga.
No me culpéis. Ha sido
la vuelta del otoño.



Rafael Alberti
 
 
 
El Greco
 
Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora
con aquella locura armoniosa de antaño?
Ésos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minuto y el prodigio del año.

Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
¡dejad al huracán mover mi corazón!

Rubén Darío


 
 
 

SOBRE LA EXPOSICIÓN DE J.GÓMEZ DE LA TORRE EN LINARES


LA SUSTANCIA DEL COLOR

Autor: Juan Gómez de la Torre. Título: Espacios de Color. Lugar: Galería Cristóbal Bejarano, Linares. Hasta: 7 de noviembre.
 
Es una impronta apasionada, desbordante, la que desarrolla Juan Gómez de la Torre en cada uno de sus cuadros, rompiéndose el color en mil destellos, en una marejada agitada, poderosa confrontación cromática, rompiendo la lógica de la mirada, para entablar una relación sensitiva con el espectador.
En la tormenta de gamas intensas, espesas y de impresión penetrante, deposita el pintor trazos de tonalidad grávida, que alteran el equilibrio del plano, creando un ambiente de confusión en la escena. De esta acción, del enfrentamiento de colores desde sus áreas geométricas, surge el cuerpo del ambiente que cubre toda la composición. En ella las figuras, que describen el paisaje, se vislumbran, confunden con la neblina cromática, induciendo curiosidad en el espectador, que se pregunta qué hay tras la espesura, adivinando los flujos que transmiten nervio a la pieza.
J. Gómez de la Torre desarrolla una técnica de factura clásica, dentro de los estilos imperantes a comienzos del siglo veinte, actualizándolos en cada una de sus obras, manteniendo el brillo de la sorpresa en cada una de ellas. Consigue el artista ofrecer un producto que atrae la mirada, para escrutar los detalles que aparecen en sus escenas, originando un nuevo relato visual según sea el estado anímico de quien lo observa, o la dirección de la luz. Es su trabajo plástico una propuesta de contundencia lumínica, abierto a todas las posibilidades que su espectro encierra, expresando la sustancia lumínica como resplandores que se agotan en la superficie del cuadro, perdiendo su fuerza, quedando como su imagen candente dirigida hacia su ocaso opaco.
Es un conjunto de contemplación vital, pues la luz es presentada como posibilidad tangible, de supuesto tacto sedoso, aunque esta presunción sea una quimera solo, quedando en el recuerdo de quien observa los espacios de la fantasía.
Técnica e inteligencia se conjugan en las pinceladas de Juan Gómez de la Torre.
 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 22 de noviembre de 2018

FERRER MILLÁN EN LA GALERÍA ORFILA

LA  GRAFÍA OCULTA DE FERRER MILLÁN

Autor: Joaquín Ferrer Millán. Título: Sueños paralelos. Lugar: Galería Orfila (Madrid) Fecha: Hasta el 12 de diciembre.

Joaquín Ferrer Millán, trabaja la contraposición de la imagen con la luz delicuescente, generando sensaciones de ingravidez, ruptura del entendimiento, transformada la representación en el lienzo en grafía singular, que describe paisajes mentales, energías aprehendidas cuando son ensoñados o recordados. Construye ideogramas en los que están contenidas emociones, sensaciones, pensamientos y rememoraciones. Es un lenguaje oculto, que toma sentido cuando se confronta con el campo cromático que la arropa, apareciendo éste abierto en todas sus tonalidades, induciendo mutación próxima, profundidad infinita. Es, también, una tensión vibrante entre lo permanente y el cambio dinámico, siendo el color el portador de la idea sugerida, la cual va conformándose en la figura condensada, curvada y retorcida, con incrustaciones de líneas azarosas, tonos grávidos, formas de insinuaciones orgánicas, produciendo el efecto de apreciación pastosa, de tacto receloso, induciendo precaución, curiosidad y misterio. Estas siluetas adquieren significado cuando el pintor las dota de nombre, definiendo su circunstancia, descifrando el entramado intelectual cada observador según la visualización que su percepción sugiere.

El lenguaje simbólico utilizado por J. Ferrer Millán es rico y exuberante, intenso en su contenido, posible solo al entendimiento de la mirada sensible y soñadora. Los fondos transmiten fantasía, mundos apacibles, libertad, pero su triunfo no se produce, pues las figuras rompen su faz para introducir inquietud en su contemplación.
La obra de Ferrer Millán posee señas de identidad propia, apareciendo como abstracta, mas es un relato de la realidad idealizada desarrollado con una grafía oculta.








sábado, 17 de noviembre de 2018

CARLOS LEÓN EXPONE EN EL CENTRO JOSÉ GUERRERO

TRES PERCEPCIONES


Autor: Carlos León. Título: Pasajes. Lugar: Centro José Guerrero. Fecha: Hasta el 30 de diciembre.

Tres percepciones posee la obra de Carlos León, entrelazadas entre sí, dando cuerpo a la imagen portada en cada una de sus obras.
La primera que surge al visualizar sus cuadros es la percepción estética, introduciendo al espectador en un mundo fantástico, compuesto de una vegetación exuberante, en un paisaje tropical que oculta con su frondosidad mil y una aventuras. Se presiente el murmullo de animales y cantos de aves, en un ambiente espeso y tórrido. Pero esta imagen es solo apariencia, producto del azar, o quizá huella del pensamiento oculto del autor.
Otra percepción es la técnica, pues aparece la huella del pintor, el rastro de su energía transferida en la pieza, depositada tras un torbellino creativo, donde Carlos León imprime su fuerza expresiva. Se enmarca su trabajo en el expresionismo abstracto, dentro de la misma dinámica creativa de José Guerrero, donde el intelecto es subyugado por la acción, buscando descifrar el sentido último del color. Sin embrago este camino no está exento de una planificación en la elección de los distintos tonos, los cuales se quiere confrontar con el blanco para desarrollar su intensidad. Si nos fijamos, este proceso recuerda a la pintura oriental, por el resultado estético, como por el derrotero azaroso de su composición, dejando que sea el propio cuadro quien diseñe su estructura, fruto de la libertad del inconsciente, ajeno a las ataduras racionales, como si de un ejercicio zen se tratara.
Acompaña a estas dos percepciones la rítmica, pues en cada pieza se observa una topografía cromática de profundos desniveles tonales, altos y bajos engarzados en una secuencia armónica, generando un pulso vital, poderoso, hilo conductor de la construcción de la obra.
En esta ocasión Carlos León versiona la brecha, elemento importante en la producción de José Guerrero, logrando encajar el conjunto plástico con la obra del autor que da nombre al Centro expositivo. Interesante propuesta.



























sábado, 10 de noviembre de 2018

ESCULTURAS DE BLANCA MUÑOZ EN LA GALERÍA MARLBOROUGH

INSTANTES MÁGICOS

Autora: Blanca Muñoz. Título: Vaivén. Lugar: Galería Marlborough, Madrid. Fecha: Hasta el 24 de noviembre.


La materia es dominada por el ingenio de la artista, convirtiéndola en forma inteligente que quiere plasmar la fantasía. Blanca Muñoz traduce en estructura ingeniosa cada una de sus piezas, mediante el trabajo del metal, creando estructuras de apariencia ligera, perforadas, de pulidas superficies, cuyo conjunto produce sensaciones visuales de volumen en el ambiente, espacios aéreos impregnados del halo de la escultura, por donde deambula la luz, en un recorrido azaroso siempre concentrado en torno al cuerpo central que la atrapa. La luz se desliza por la suave superficie, abriéndose en todas sus posibilidades tonales, surgiendo destellos en un amplio abanico cromático, de presencia fugaz, como si de apariciones irreales fueran. La escultura es a la vez fuente emisora y receptor del fluido luminoso, originándose una vibración en la mirada cuando es contemplada. Esta percepción sensitiva es la base del diálogo que se origina entre el espectador y cada una de las piezas, cuando se sume en la contemplación del aura que cubre la composición. Es un instante mágico, que extrae la atención del tiempo, sintiendo la sublime atracción del resplandor de amplio repertorio de colores. Es una liberación de la rutina visible. Sumida en la luz está la forma, de tacto suave y a la vez consistencia dura, rígida, y si se insiste cortante. Es una ambivalencia escondida tras el brillo metálico.
Blanca Muñoz consigue condensar estas sensaciones en sus creaciones, gracias a lo cual se convierten en apreciadas obras de arte. Esta creadora plástica conjuga habilidad técnica, diseño y ensoñación, concluyendo en un producto de excelente factura estética.















miércoles, 7 de noviembre de 2018

ALFONSO ALBACETE Y MAXAM

SOBRE LA LIVIANDAD DE LAS HORAS

Autor: Alfonso Albacete. Título: Vanitas. Lugar: Sala Pardo Bazán del edificio La España Moderna del Museo Lázaro Galdiano. Fecha: Hasta el 18 de noviembre.

La Fundación MAXAM ha organizado una exposición sobre la Colección de Pinturas que ilustraron los almanaques editados por esta compañía, empezada en 1900. La muestra está estructurada en torno a la obra seleccionada para el calendario del próximo año. Esta pieza, de Alfonso Albacete, constituye el eje de la propuesta plástica, pues resume el sentido estético que ha impregnado toda la trayectoria de las obras escogidas para formar parte del almanaque. La composición de este autor establece una relación recíproca con la de grandes artistas, como Arturo Mélida, Cecilio Pla, Julio Romero de Torres o Eduardo Arroyo, surgiendo un murmullo sensitivo, y cromático, que da forma y sentido al cuerpo central de la idea que define la estética de esta producción anual. Publicidad y arte se unen en esta creación periódica, siendo las escenas reflejadas en ellas un signo del recuerdo que muchos portamos desde nuestra infancia, cuan destello rancio, adherido al tiempo pasado, a la esencia del entorno, así como de modos e ideologías imperantes. Y con ellas está plasmada la innovación, la transformación industrial, el uso llevado a la cotidianidad del mundo rural.
La Colección presentada sugiere transitoriedad de la existencia, liviandad de las horas, siendo las hojas del calendario el soporte sobre el cual roza la brisa del tiempo. Mas las ilustraciones permanecen, unidas a vivencias del recuerdo, aflorando en la memoria nostalgia, recogimiento cálido, impresiones de épocas felices y sencillas, como también en los últimos tiempos abren los espacios a la fantasía.
Alfonso Albacete capta felizmente este concepto, y lo describe en su pieza, conjuntando la idea central de la exposición, cuando integra un motivo de la colección en su cuadro, el paisaje agrario, en plena transformación, y la mirada del pintor desde su estudio, todo estructurado según una geometría marcada, unida a un colorido vivo, penetrante, vital y optimista, estableciendo la diferencia entre la racionalidad del estudio interior, aséptico y algo frío, y la apasionada aventura del exterior, expresada en colores densos, verdes, rojizos, ocres, y grisáceos, en plena confusión visual, integrada en un conjunto tranquilo.
Acierta el pintor, en la propuesta visual que resume toda la trayectoria plástica de las piezas contenidas en la Colección MAXAM.


domingo, 4 de noviembre de 2018

RICARDO G. URRÉJOLA EXPONE EN ANSORENA

EL SENTIDO DE LA EXISTENCIA

Autor: Ricardo Galán Urréjola. Título: Sobre enigmas y ciudades. Lugar: Galería Ansorena, Madrid. Fecha: Hasta el 26 de noviembre.

R. G. Urrejola concentra su mirada en el paisaje urbano, siendo reiterativo en su reproducción en cada una de sus exposiciones. El pintor explora la imagen, el sentido de lo que la mirada considera real, luz reflejada que la mente estructura en formas y acción. Mas no se limita en la simple representación literal de la escena, sino que ahonda en su significado, en el aura que flota en el ambiente, usando la imagen como texto visual, donde el autor describe las características de cada espacio expresado en el lienzo.
Urréjola investiga las posibilidades de la pintura como reflejo del pulso cambiante de la realidad, incorporando caos, nervio, presencia imponente de los edificios, anulación del individuo, sumiéndolo en una simple mancha, como un elemento de la masa que habita la ciudad. Los sueños, sufrimientos y vivencias de los individuos, se disuelven en el conjunto, flotando en la composición, generando intensidad al contemplarla. El artista introduce el color, sus tonos y densidad, como lenguaje sensitivo para descifrar el halo que cubre el ambiente, impresión primera difícil de explicar. El color predomina sobre un dibujo desvanecido, mero soporte sobre el que asienta el pintor sus sensaciones. Predominan los grises y azules diluidos, veteados por claridades gélidas, esparciéndose pinceladas rojizas, marrones, algún ocre escaso, de forma dispersa. Es la confusión, ruido, mutación permanente en las venas de la metrópoli, desarrollada en sus avenidas y plazas. Fugacidad irrisoria, pues las construcciones ahí permanecen, los viandantes son pasajeros, no dejan rastro, y el brillo del ambiente desaparece con ellos. Al final queda la soledad, impronta en cada uno de sus habitantes, incomunicación, desorientación, la vida reducida a un número.
Ricardo Galán Urréjola es constante en su idea, indagando sobre el sentido de la existencia del hombre actual.











martes, 30 de octubre de 2018

EL MONTE DE LAS ÁNIMAS


Se acerca la noche de los Santos, es una buena lectura los cuentos de Bécquer.

EL MONTE DE LAS ÁNIMAS


Gustavo Adolfo Bécquer



El Triunfo de la Muerte detalle del carro Pieter Bruegel el Viejo. Museo del Prado









La noche de difuntos me despertó, a no sé qué hora, el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.


Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca, y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato, me decidí a escribirla, como, en efecto, lo hice.


Yo no la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza, con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.


Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.


I



-Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.


-¡Tan pronto!


-A ser otro día no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.


-¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?


-No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua; yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré la historia.


Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.


Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:


«Ese monte que hoy llaman de las Ánimas pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla, que así hubieran sabido solos defenderla como solos la conquistaron.


»Entre los caballeros de la nueva y poderosa orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.


»Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres; los lobos, a quienes se quiso exterminar, tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey; el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte, y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.


»Desde entonces dicen que, cuando llega la noche de Difuntos, se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche».


La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporársele los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.
- II -

Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor, iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.


Sólo dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso. Beatriz seguía con los ojos, absortos en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.


Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.


Las dueñas referían, a propósito de la noche de Difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel, y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.


-Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-: pronto vamos a separarnos, tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.


Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo su carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.


-Tal vez por la pompa de la corte francesa, donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada: mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?


-No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país, una prenda recibida compromete la voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo..., que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.


El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:


-Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo entre todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?


Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.


Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos, y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste y monótono doblar de las campanas.


Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:


-Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él, clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.


-¿Por qué no? -exclamó ésta, llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre los pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:


-¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?


-Sí.


- Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.


-¡Se ha perdido! ¿Y dónde? -preguntó Alonso, incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.


-No sé...; en el monte acaso.


-¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-, ¡en el Monte de las Ánimas!


Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:


-Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendientes, he llevado a esta diversión imagen de la guerra todos los bríos de mi juventud, todo el ardor hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir el peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; esta noche..., esta noche, ¿a qué ocultarlo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas...; ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento, sin que se sepa adónde.


Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó, con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña arrojando chispas de mil colores:


-¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de Difuntos, y cuajado el camino de lobos!


Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía; movido como por un resorte, se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza, y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:


-¡Adiós Beatriz, adiós! Hasta... pronto.


-¡Alonso, Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso, o aparentó querer, detenerle, el joven había desaparecido.


A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho, que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor, que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.


Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón, y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.
- III -
Había pasado una hora, dos, tres; la media roche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.


-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de Difuntos a los que ya no existen.


Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.


Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído, a par de ellas, pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz apagada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.


-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.


Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden; éstas con un ruido sordo y suave; aquéllas con un lamento largo y crispador. Después, silencio; un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi no se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota, no obstante, en la oscuridad.


Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar; nada, silencio.


Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando, dilatándose, las fijaba en un punto, nada; oscuridad, las sombras impenetrables.


-¡Bah! -exclamó, yendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada, de raso azul, del lecho-. ¿Soy yo tan miedosa como estas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?


Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse, más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría escondió la cabeza y contuvo el aliento.


El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblaban tristemente por las ánimas de los difuntos.


Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora; vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal decoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto, sangrienta y desgarrada, la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.


Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca, blancos los labios, rígidos los miembros: muerta, ¡muerta de horror!
- IV -
Dicen que después de acaecido este suceso un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos Templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla, levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y caballeros sobre osamentas de corceles perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada que, con los pies desnudos y sangrientos y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.


No te escaparás. Francisco de Goya