sábado, 11 de julio de 2026

EXPOSICIÓN "CARLOS V E ISABEL DE PORTUGAL EN SU ESTANCIA IMPERIAL EN GRANADA, 500 ANIVERSARIO", EN LA GALERÍA GRANADA CAPITAL

 

ENTRE LA  ALHAMBRA Y EL IMPERIO


Autores varios. Título: Entre la Alhambra y el Imperio, Carlos V e Isabel de Portugal en su estancia Imperial en Granada, 500 Aniversario. Lugar: Galería de Arte Granada Capital, Gran Vía de Colón, 13, Granada, Fecha: Hasta finales de agosto.

Un grupo de pintores aportan diferentes miradas en la celebración del V Centenario de la estancia de Carlos I e Isabel de Portugal, pareja imperial que quiso establecer su sede en Granada. En esta ciudad se produjo la absorción de Oriente en el espíritu del Renacimiento, dando forma propia a la versión de este movimiento cultural en los reinos hispánicos.
Los diecisiete artistas que participan muestran su interpretación de la presencia de la Monarquía hispánica en la ciudad nazarí, mediante imágenes de su estancia alhambreña, sus figuras, modas, armaduras, símbolo de una época que incorporaba la tradición medieval en la novedad clásica, proponiendo un modo singular de abordar la política y cultura como señas de identidad.
La figuración hiperrealista llevada hacia la mirada fantástica, es mostrada en la obra de Arquímedes Artal, fiel reflejo de lo expuesto arriba, donde se conjuga el pasado caballeresco y el impulso transformador de los nuevos tiempos. Es una obra de excepcional precisión plástica, en serena presencia, surgida la figura de la noche del pasado.
El recuerdo impreso en una imagen dinámica es conseguido por Ana Perpinyá, cuyas obras funden figuración con superposiciones geométricas vestidas de levedad cromática, lo cual induce yuxtaposición de momentos que describen una escena. En ésta se refleja poder, plenitud y encuentro amoroso.
Aracely Alarcón nos ofrece una poderosa composición en la que las brumas de colores danzan sobre el fondo de la pieza, plasmando el complejo palaciego de la Alhambra. Es un flujo visual que recrea la estancia feliz del César Carlos con su esposa.
La presencia de ambos, en cada una de sus piezas, es propuesta por Carmen Díez, como ilustración informal, que no por ello pierde su gravedad alejada de la seriedad, presentados con la fuerza de su mirada, ilusionada, abierta a un futuro que suponían esplendoroso. Conjuga la pintora la suavidad de los trazos con un cromatismo que da carácter a las figuras.
Las claridades de esta tierra es reflejada en la obra de Chico Montilla, en su representación esquemática de base geométrica, colorido suave, limpieza de la imagen, magia del ambiente simulada en sus piezas. Lo consigue gracias a la tonalidad alegre incorporada en su obra, la organización lógica del dibujo, alcanzando una ensoñación de los paisajes íntimos en donde los dos reyes desarrollaron su amor. Muy bien representado por Francisco Rodríguez Ruiz, en su composición, en la que aúna el motivo central de la propuesta con elementos que identifican las características de la estancia que los acoge. Es hábil en el uso del color, preciso en el dibujo, inteligente en la puesta en escena de los signos introducidos en su obra.
Cristóbal León participa con dos piezas de intenso impulso visual, ricas en detalles, original en su escenificación, al añadir el tema taurino en el Palacio de Carlos V. Es dinámico en su pintura, intenso en la emoción plasmada en ellas, actual y alta calidad en su configuración.
La impronta renacentista en el palacio nazarí es incorporada por Geoffrey Wynne, en todo su barroquismo, plasmada tras un leve halo luminoso, incorporando la mirada del pasado, cuando el polvo del tiempo sienta su presencia.
Es la obra de Igor Fomin una muestra del tiempo feliz de la pareja, plena de simbología, placidez de momentos soñados. En cambio María García Orea lo propone como huella que marca el paisaje, con un cromatismo intenso, apasionado. Svetlana Kalachnik traslada la fantasía amorosa del encuentro a la ciudad entera, su entorno y ambiente, siendo el palacio renacentista el centro de toda dicha expresada. Ulpiano Carrasco lo interpreta como esplendor de la Naturaleza, en la feracidad de la vegetación que brilla en su abrazo luminoso apasionado, intenso y poderoso. La terracota de Socram completa el escenario, con la placidez sugerida del estanque, destello de la atmósfera optimista reinante en esos días.
Manuel López Herrera nos comunica la inconsistencia de los instantes felices, mostrando al emperador Carlos sumido en la nostalgia, recordando a su amada. Es su relato pictórico un signo de inteligencia plástica, añadiendo los elementos precisos que inducen al desarrollo de historias. La melancolía se refleja en su obra.
El caleidoscopio simbólico de Lorenzo González completa toda esa época, en la que incluye el pasado de las ideas medievales aún enraizadas, el triunfo de la razón del presente y el azar del futuro, descrito en el orden geométrico de las imágenes incorporadas, y la numerología que las acompaña, jugando muy bien con las densidades cromáticas, cuan claroscuros de la realidad sometida al mañana.
Por último, sella el conjunto la majestuosa imagen del emperador, con Granada de fondo, sumida en el velo dichoso de su presencia, pieza de Valentín Kovatchev, de gran calidad y elegancia plástica.
Esta exposición posee una acertada combinación de obras y autores, que relatan la visita del matrimonio imperial. Interesante para los amantes de la pintura.















































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