ENTRE LA ALHAMBRA Y EL IMPERIO
Autores
varios. Título: Entre la Alhambra y el Imperio, Carlos
V e Isabel de Portugal en su estancia Imperial en Granada, 500
Aniversario. Lugar: Galería de Arte Granada Capital, Gran Vía de
Colón, 13, Granada, Fecha: Hasta finales de agosto.
Un grupo de pintores aportan
diferentes miradas en la celebración del V Centenario de la estancia
de Carlos I e Isabel de Portugal, pareja imperial que quiso
establecer su sede en Granada. En esta ciudad se produjo la absorción
de Oriente en el espíritu del Renacimiento, dando forma propia a la
versión de este movimiento cultural en los reinos hispánicos.
Los diecisiete artistas que participan
muestran su interpretación de la presencia de la Monarquía
hispánica en la ciudad nazarí, mediante imágenes de su estancia
alhambreña, sus figuras, modas, armaduras, símbolo de una época
que incorporaba la tradición medieval en la novedad clásica,
proponiendo un modo singular de abordar la política y cultura como
señas de identidad.
La figuración hiperrealista llevada
hacia la mirada fantástica, es mostrada en la obra de Arquímedes
Artal, fiel reflejo de lo expuesto arriba, donde se conjuga el pasado
caballeresco y el impulso transformador de los nuevos tiempos. Es una
obra de excepcional precisión plástica, en serena presencia,
surgida la figura de la noche del pasado.
El recuerdo impreso en una imagen
dinámica es conseguido por Ana Perpinyá, cuyas obras funden
figuración con superposiciones geométricas vestidas de levedad
cromática, lo cual induce yuxtaposición de momentos que describen
una escena. En ésta se refleja poder, plenitud y encuentro amoroso.
Aracely Alarcón nos ofrece una
poderosa composición en la que las brumas de colores danzan sobre el
fondo de la pieza, plasmando el complejo palaciego de la Alhambra. Es
un flujo visual que recrea la estancia feliz del César Carlos con su
esposa.
La presencia de ambos, en cada una de
sus piezas, es propuesta por Carmen Díez, como ilustración
informal, que no por ello pierde su gravedad alejada de la seriedad,
presentados con la fuerza de su mirada, ilusionada, abierta a un
futuro que suponían esplendoroso. Conjuga la pintora la suavidad de
los trazos con un cromatismo que da carácter a las figuras.
Las claridades de esta tierra es
reflejada en la obra de Chico Montilla, en su representación
esquemática de base geométrica, colorido suave, limpieza de la
imagen, magia del ambiente simulada en sus piezas. Lo consigue
gracias a la tonalidad alegre incorporada en su obra, la organización
lógica del dibujo, alcanzando una ensoñación de los paisajes
íntimos en donde los dos reyes desarrollaron su amor. Muy bien
representado por Francisco Rodríguez Ruiz, en su composición, en la
que aúna el motivo central de la propuesta con elementos que
identifican las características de la estancia que los acoge. Es
hábil en el uso del color, preciso en el dibujo, inteligente en la
puesta en escena de los signos introducidos en su obra.
Cristóbal León participa con dos
piezas de intenso impulso visual, ricas en detalles, original en su
escenificación, al añadir el tema taurino en el Palacio de Carlos
V. Es dinámico en su pintura, intenso en la emoción plasmada en
ellas, actual y alta calidad en su configuración.
La impronta renacentista en el palacio
nazarí es incorporada por Geoffrey Wynne, en todo su barroquismo,
plasmada tras un leve halo luminoso, incorporando la mirada del
pasado, cuando el polvo del tiempo sienta su presencia.
Es la obra de Igor Fomin una muestra
del tiempo feliz de la pareja, plena de simbología, placidez de
momentos soñados. En cambio María García Orea lo propone como
huella que marca el paisaje, con un cromatismo intenso, apasionado.
Svetlana Kalachnik traslada la fantasía amorosa del encuentro a la
ciudad entera, su entorno y ambiente, siendo el palacio renacentista
el centro de toda dicha expresada. Ulpiano Carrasco lo interpreta
como esplendor de la Naturaleza, en la feracidad de la vegetación
que brilla en su abrazo luminoso apasionado, intenso y poderoso. La
terracota de Socram completa el escenario, con la placidez sugerida
del estanque, destello de la atmósfera optimista reinante en esos
días.
Manuel López Herrera nos comunica la
inconsistencia de los instantes felices, mostrando al emperador
Carlos sumido en la nostalgia, recordando a su amada. Es su relato
pictórico un signo de inteligencia plástica, añadiendo los
elementos precisos que inducen al desarrollo de historias. La
melancolía se refleja en su obra.
El caleidoscopio simbólico de Lorenzo
González completa toda esa época, en la que incluye el pasado de
las ideas medievales aún enraizadas, el triunfo de la razón del
presente y el azar del futuro, descrito en el orden geométrico de
las imágenes incorporadas, y la numerología que las acompaña,
jugando muy bien con las densidades cromáticas, cuan claroscuros de
la realidad sometida al mañana.
Por último, sella el conjunto la
majestuosa imagen del emperador, con Granada de fondo, sumida en el
velo dichoso de su presencia, pieza de Valentín Kovatchev, de gran
calidad y elegancia plástica.
Esta exposición posee una acertada
combinación de obras y autores, que relatan la visita del matrimonio
imperial. Interesante para los amantes de la pintura.
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