miércoles, 4 de noviembre de 2026

OTOÑO EN ANDALUCÍA

 


Obra de José Manuel de Hita


El otoño, aunque parece en estos días cálidos que no ha entrado, ha sentado su presencia, tomando fuerza según avanza el calendario. La luz irá perdiendo fulgor, la espesura de los días triunfales del estío, palideciendo, según avanza el calendario, el brillo exultante que inundó la retina, convirtiendo su abrazo en menos agobiante, aclarando sus pliegues, organizando un festival de tonos de peso suave, que según trascurran los días irá desvaneciendo, hasta extinguirse en su ocaso. Entonces la luz se hará tenue, y entre medias creará espacios acogedores, plenitud ligera y sedosa, donde el colorido intenso imprime su presencia, surgiendo de los umbrales de la oscuridad signos de fantasía, mas las sombras van imponiendo su dominio según la declinación solar dicta.
El Sur de España aparece como lugar de tranquila resistencia, guardando la luz, la alegría que su caricia provoca, sus mañanas tibias, impulso de optimismo, concluyendo en atardeceres sumidos en una explosión vital luminosa, rompiendo la claridad su monotonía cromática para deshacerse en sus tonos ocres y rojizos, fulgor intenso, apareciendo sin transición la noche, misteriosa, enmudecidos los grillos, roto el silencio por el ulular de las lechuzas. Cada vez más el frío sienta su fuerza, alterando las tormentas su paz, rompiendo el escenario apacible de la decadencia dorada, anunciando los meses del estado invernal, cuando el alma se recoge nostálgica en su intimidad.
Buen refugio es el Sur para vivir el otoño, disfrutar de sus destellos, del fulgor que consume el final del día, la templanza de la mañana, la modorra del mediodía, el dulzor de sus caldos, la nostalgia de su paisaje bajo un cielo azul profundo, o la levedad de sus tormentas. Los marrones y dorados se suceden en el paisaje, momentos templados, brillos evanescentes que danzan en la decadencia triunfal de las jornadas.
Esto es lo que vio R. M. Rilke en sus estancia en Andalucía, escribió “Señor, ya es tiempo. Grande ha sido el verano. Tiende tu sombra sobre los relojes de sol, y desata los vientos por el campo. Haz madurar las frutas más tardías, dales dos días más de sur, fuérzales a acabar, y echa el último dulzor al vino recio”. En el paisaje andaluz sumió su espíritu creativo en la danza rítmica de sus estrofas, fluyendo entre los riscos de los temores que el azar de la realidad propone, y la dulce caída hacia el futuro despreocupado, feliz abandono sobre el lecho luminoso otoñal.

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