jueves, 8 de enero de 2015

EXPOSICIÓN EN LA GALERÍA RUIZ LINARES

EL ESPECTADOR OPINA


Autora: Eva Rodríguez Góngora. Título: Cuentahílos. Lugar: Galería de Arte y Antigüedades Ruiz Linares. Fecha: Hasta el 24 de enero.

Eva Rodríguez Góngora presenta una propuesta interesante por la variedad creativa mostrada, también por su dominio de la técnica plástica. Esta exposición es numerosa en piezas, de dispar temática, unidas por un hilo argumental centrado en la vida natural, que se siente invadida por la actividad transformadora humana, según entiende este crítico. Las obras expuestas poseen el sabor  nostálgico de la agenda de un naturalista, que explora su entorno. Ofrece, además,  la descripción de artilugios absurdos como huella de la actividad de las personas sobre el paisaje. 
Presenta la artista un trabajo de calidad, usando diferentes texturas, técnicas y motivos figurativos. Igualmente exhibe un dibujo limpio, preciso y rotundo, unido en algunos casos, como en el ciclo dedicado a las aves, con un colorido suave, delicado y sugerente. Domina la autora el oficio plástico, siendo desbordante en su producción artística.
Es, sin embargo, el conjunto ofrecido disperso en ideas y temática, quedando algo diluido por falta de un argumento expositivo sólido, que no resta calidad a la pintora, pues la tiene de sobra,  que hace se difumine su obra en una visualización confusa, y no se aprecie la verdadera maestría que Eva Rodríguez Góngora atesora.

Las piezas presentes en esta Sala podían haber sido mejor explicadas, o acaso de menor número, potenciando la valía artística de todas ellas. No por ello, desmerece esta exposición ser valorada positivamente, siendo cada visitante quien deba obtener sus conclusiones propias. 





















































martes, 30 de diciembre de 2014

MANUEL PÉREZ MOLINA EXPONE DE NUEVO

DIÁLOGOS CON LA PINTURA

Autor: Manuel Pérez Molina. Título: Diálogos con la Pintura. Lugar: Sala de Exposiciones de Gran Capitán. Fecha: Hasta el 30 de diciembre.

Hay veces que un pintor alcanza una fórmula expresiva atractiva y comercial, de calidad técnica, limitándose a la continua repetición, siendo frecuente la exhibición de  sus obras. No es este el caso que aquí nos ocupa.
Es bueno descansar, reflexionar sobre el trabajo realizado, dejándose arrastrar en la modorra acogedora de la inactividad de los momentos perdidos, el intelecto se recarga, la distancia consigue se vea con lucidez los claroscuros de la obra producida. En este periodo se decide el camino a seguir, cuál es el punto del diálogo con la creación que más interesa al artista, para cultivarlo, e introducirse, en campos más profundos de elaboraciones plásticas.
Manuel Pérez Molina vuelve después de cuatro años a exponer en Granada. Su  anterior muestra se caracterizaba  por el triunfo de la luz, vestida en todas sus tonalidades. Granada, la ciudad, sus pueblos y paisajes, formaban parte del repertorio de los temas contenidos en sus piezas, jugando el dibujo, en la intensidad de su trazo, con un color rutilante, no puro, pues los tonos combatían entre sí por sentar su presencia Era una pintura fuerte, vital y apasionada.
En esta ocasión, el pintor se enfrenta a un cromatismo poderoso, desbordante, que ignora la dificultad del dibujo, quedando éste en un segundo plano, siendo sólo protagonista la radiación que emite las cosas. Capta la esencia de la realidad a través del color.
Manuel Pérez Molina realiza una obra auténtica, sencilla, sin pretensiones, en la que la Pintura aparece como objeto de devoción personal. Es una confrontación de resultado diverso la relación entre ambos, quedando al final de los momentos laboriosos la impronta de la luz, como si el artista desvelara el alma de la sustancia tangible.

Por eso, dice el autor, el conjunto expuesto es el resultado de un largo trayecto en el cual ha estado dialogando con la Pintura.