BENJAMÍN PALENCIA
Exposición “Benjamín Palencia, una
creación constante”, en la Sala Zaida de Fundación Caja Rural de
Granada.
Hasta el 11 de enero de 2026, en la
Sala Zaida, se expone la obra de Benjamín Palencia (Barrax,
Albacete, 1894- Madrid 1980) con motivo del centenario del Ateneo
Científico y Artístico de Granada, y el cincuenta aniversario de su
exposición en el Banco de Granada. Este pintor de obra prolífica,
navegó por todas las tendencias y estilos, mostrando en sus variadas
incursiones una trayectoria certera, avanzada y de resultado
brillante, tras lo cual consolidó una ruta pictórica personal, en
la que estableció una impronta plástica característica, escuela
que enriqueció el ingenio de muchos artistas en el sello de sus
producciones.
Exploró los movimientos estéticos de
su época, cubismo, constructivismo, surrealismo y abstracción,
mostrando habilidad y conceptualidad original, en su percepción
plasmada en imagen. Se observa en sus paisajes iniciales un trazo
optimista, de presencia gozosa, predominio tonal suave, que envuelve
una figuración de marcada geometría, pero según fue asentando su
estilo personal, opta por los páramos áridos de la meseta, montes
pelados, luz apagada, espesa y pesada, que aplasta el ambiente, pese
a la claridad sujeta al horizonte, sensación sólo que consigue
transmitir la idea del pasado sin opción de cambio. Muestra una
España inmutable en sus campos, atrapados en sí mismos, duros,
estoicos, imperturbables, ajenos a la modernidad incipiente de sus
ciudades. Esta austeridad del paisaje se refleja en sus habitantes,
rasgos muy bien captados por el pintor, en el retrato de gentes
sencillas, expresando en sus rostros vidas de privaciones, piel seca
por el sol, fríos y trabajos, miradas profundas, serenas, en las que
guardan misterios de soledades. Ahí está la fuerza transformadora
del mañana, parece explicar en sus figuras.
Pero en el trayecto vital del artista
se fue aclarando esta visión del paisaje, rompiendo la monotonía
anterior para introducir tonalidades azuladas, simbolismo
surrealista, colorido ajeno a la realidad, todo lo cual incorporaba
mayor ritmo a su obra, desequilibrio en el paseo visual por la pieza,
armonía disonante de una melodía grandiosa, sentida ante la
inmensidad del vacío de los campos, solo luz y tierra, luminosidades
que en su descomposición adquieren personalidad propia, adoptando
aquella que incorpora un tono preciso, en el concierto sensitivo
apreciado por el artista.
La obra de Benjamín Palencia
constituyó una búsqueda hacia la expresión sublime, quería
comprender el significado del trazo y su combinación cromática, su
traducción en la comprensión de la esencia del paisaje. Pretendía
plasmar el ánima que subyace en la realidad, sea en los campos
desnudos, o en el efecto que ésta marca en sus moradores.









