martes, 15 de enero de 2019

SIEMPRE JAVIER MARISCAL

SÓLO QUEDA PENSAR EN LA BELLEZA

Autor: Javier Mariscal. Título: La Luz de Valencia. Fue en Pepita Lumier art & shop.

Es un color intenso, poderoso, que imprime su huella en la retina. Javier Mariscal exagera el color, extrayendo las sensaciones que su choque impone, para traducirlos en expresión intensa, marcada por tonalidades industriales.
La obra de Javier Mariscal posee una figuración desenfadada, alegre, vital, que seduce la mirada para evocar recuerdos luminosos, elevando momentos fugaces a instantes mágicos. Salva de la rutina estas rememoraciones, pues más que el paisaje captado, quiere retener la esencia de la luz, la sorpresa causada por el halo de la atemporalidad percibido.
El artista recorre rincones de su niñez y juventud, de la Valencia eterna que él añora, buscando rescatar las emociones primeras del tiempo pasado, marcando en cada una de sus composiciones los destellos de la nostalgia. La luz es la gran protagonista en sus obras, expuesta en todas sus posibilidades en cada uno de los escenarios propuestos en sus piezas.
Es un viaje sensitivo a través de los lomos luminosos del Sol levantino, claridad, azul, verdes, y grises que afean el esplendor del pasado, fractura de la época feliz, libre y sin convenciones, sometida al dictado de la uniformidad geométrica de las ciudades modernas. Quiere el autor rescatar el entorno natural retenido en el recuerdo, mas todo pasa, y solo queda pensar en la Belleza.
Excelente Javier Mariscal, siempre fiel a su estilo, pero superándose a la vez al reescribir su producción plástica, pues introduce guiños ocultos que le da fuerza permanente.




 



















 




jueves, 10 de enero de 2019

DANIEL BILBAO Y SUS ARQUITECTURAS EN BIRIMBAO

ORDEN Y CAPRICHO EN LA OBRA DE DANIEL BILBAO

Autor: Daniel Bilbao. Título: Tácet. Lugar: Galería Birimbao, Sevilla. Fecha: Hasta el 15 de enero.


Daniel Bilbao plasma en su trabajo estudios arquitectónicos, trasladándolos a una expresión artística. Muestra su obra de forma fría, aséptica, incluso impersonal. Recoge construcciones donde la linealidad geométrica sienta su presencia total, presentando edificaciones sometidas al concepto de la razón, donde la medida y proporción están impresas en todos su detalles. No se adentra el pintor en los campos de la lírica plástica, sino que describe las ilustraciones de los proyectos del arquitecto, extrayéndolas de su espacio técnico y comercial, para dotarlas de soplo visual que atrae la mirada, como mundo fantástico que invita a la aventura imaginada.
Sitúa estas estructuras en un entorno natural, donde las líneas enloquecen y rompen su lógica hasta quebrarse, curvarse y desarrollarse en formas caprichosas. Introduce de esta forma una confrontación entre el caos y el orden, la libertad expresiva y el rigor impuesto, la Naturaleza impoluta y la presencia humana, que rompe el equilibrio inicial para crear una nueva situación estable. Daniel Bilbao reflexiona sobre esta interacción, añadiendo, con sus composiciones, ajenas al pulso cinético de la vida, una imagen tranquila, idílica, en plena conversación entre las razones humana y la de la creación. Nos dice que ambas puede convivir. Usa un colorido apagado, donde prima la penumbra o las luces de los límites del día, jugando con las rectas y ángulos, concluyendo su trabajo en representaciones comprensibles a la mirada, reflejando la realidad de nuestras ciudades en cada una de sus piezas.
 
 

 

 

 

 


 
 



 

jueves, 3 de enero de 2019

FRANCISCO CASTRO MUESTRA SU OBRA EN LA GALERÍA HAURIE

TRISTE RECUERDO DEL ESPLENDOR

Autor: Francisco Castro. Título: La Luz de mi silencio. Lugar: Galería Haurie.  Sevilla. Hasta el 19 de enero.

Fija el pintor su atención creativa en el mundo vegetal, en su permanencia silente y definición del paisaje que su influjo impone. Francisco Castro desarrolla una obra donde el color supera el dibujo, presentando su fuerza la alteración de su entorno para convertirlo en paisaje. Es en este donde la luz juega y deambula libremente, volviendo en una trayectoria cíclica a su origen. Es así como genera un murmullo cromático, pulso interno en cada pieza, reflejando vida en su observación.
Francisco Castro recrea su acción plástica en espacios brumosos, cargados de colores fríos, extraídos del tiempo para ser expuestos como evocación lírica. También dirige su mirada hacia el tronco del árbol, rugoso y con huellas de su combate con las circunstancias que han rodeado su existencia, es una mirada nostálgica, casi mágica, pues parece querer el artista descubrir los genios que se ocultan en su ánima. Muestra el autor las resonancias de las ideas antes expuestas al representar la flor, y su tallo, en un vaso de agua. Imagen triste que proyecta recuerdos de su esplendor, y traslada la emoción de su evocación al espectador.
Francisco Castro manipula con soltura una paleta definida en una reducida variedad de posibilidades, sobre un dibujo suelto, ágil y nervioso, que transcribe la esencia del elemento representado, incorporando además un aura en el espacio del cuadro, sensaciones aprehendidas del lugar de donde se supone procede la figura pintada, según construye la fantasía del observador. Su obra comunica y dialoga con éste.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 1 de enero de 2019

LOS PAISAJES DE MIGUEL PEIDRO

LUZ Y MISTERIO EN EL PAISAJE

Autor: Miguel Peidro. Lugar: Galería Benedito, Málaga, Fecha: Hasta el 17 de enero.
 
¿Qué busca Miguel Peidro en los paisajes que pinta? Esta pregunta surge al contemplar sus cuadros, siempre centrados en espacios naturales, libres de la presencia humana, solo la Naturaleza reposando en su silencio, en su eterna quietud aparente, ocultando el cambio perenne que la trasforma continuamente.
El pintor deja de lado la ensoñación cromática, incorporando diafanidad en sus obras, mostrando habilidad técnica en la representación de sus paisajes, presentados como lugares limpios, sin contaminación, no hollados por el paso de las personas, ni siquiera de animales, solo cielo, agua y vegetación. El autor quiere indagar en el principio primero que da vida al entorno, propuesta su exploración de forma fría, aséptica, expuesta con un dibujo perfecto, ajustado a un color equilibrado, distante a la mirada, que trasmite pureza y frescor en su observación. Pero Miguel Peidro no se detiene en estas apreciaciones, sino que manipula la luz, la distribuye en sus piezas, reproduciendo el fluir azaroso por oquedades o campos abiertos, primado los azulados , y atrapando parte de las claridades en el resplandor de sus ríos.
Luz y misterio, que aguarda en la espesura de la vegetación, es otro camino que sugiere el artista, pues contrapone escenarios de libertad con los rincones oscuros que encierran matorrales y arboledas, introduciendo así aventuras, intrigas e insinuaciones sugerentes por descubrir. Todo ello hace que se origine una estructura intelectual que soporta todas sus composiciones. Es por lo que la mera contemplación preciosista se convierte en imagen fugaz y primera, aflorando la historia que cada una de sus producciones ofrecen.
Transcurre el trabajo plástico de Miguel Peidro por la tradición paisajista, desarrollando giros y revueltas estilísticas que concluyen en piezas de excelente calidad. Gusta y atrae al gran público.