viernes, 16 de octubre de 2020

RECORDANDO A FRANCISCO ALCARAZ


FRANCISCO ALCARAZ

Hace unas semanas falleció Francisco Alcaraz González, pintor indaliano, mente clara, libre e inquieta, que supo alejarse de su lugar de origen para incorporar modos propios, que concluyeron enriqueciendo los rasgos definitorios de su propuesta inicial. Líneas gruesas, poderosas, que quieren pervivir en el tiempo, rotundidad en la expresión de la imagen, así recoge la primera impresión de la visualización de su obra. 
Prevalece, tras el sustrato del color, la geometría esquemática del paisaje urbano. El colorido aplicado modula la impresión, según los tonos utilizados, de poderosa impronta, que deja su peso en el sentimiento primero suscitado. Genera nostalgia, rememoración de recuerdos felices, momentos vividos. 
En su periodo indaliano más puro transmitía sus obra la austeridad del paisaje, energía telúrica que influye en las gentes, soledad, precariedad, sencillez vital, siempre reflejando el peso cromático que arraiga en el lugar, que surge de sus entrañas, como raíces que dota de propiedades a su entorno.
Cuando pintaba los rincones tradicionales de las ciudades, extraía el espíritu que habitaba en el ambiente, que en su abandono llenaba sus vacíos, el olvido, el silencio. 
Francisco Alcaraz viajó, se empapó del paisaje, lo sintió, y fue añadiendo a su estilo primigenio nuevas técnicas, y perspectivas, para abordar la representación de la escena. En sus viajes ganó intensidad la presión del color, quien, en su batalla por prevalecer en la conclusión de la obra, cubre extensamente la estructura del dibujo, mas éste siempre prevalece. El pintor describe con una linealidad geométrica la esencia del ambiente, arropando su descripción con las gamas usadas de su paleta, grávidas e intimistas, nacidas de un pensamiento creativo sosegado. 
Ante las grandes metrópolis, deslumbrado por su esplendor, introduce resplandor en sus cuadros, cuan descubrimiento revelador, éxtasis instantáneo, en el que aclara los tonos, los suaviza, y pese al orden de los trazos predominan en la primera impresión. 
En sus bodegones traslada una mirada intimista, acogedora, amable, cálida, según el colorido plasmado en la pieza, es una representación del descubrimiento luminoso del tiempo agradable, que escapa a su ritmo. Unas veces es romántico en la contemplación elegida, y en sus paisajes triunfa la luz verde dorada, donde la mancha vence el trazo, quien se esfuma ante la vitalidad del color. Hay ocasiones donde su pintura se convierte en ejercicio lúdico, jugando con las posibilidades de la creación, intentando transgredir el orden de la composición establecido. 
Francisco Alcaraz fue un pintor que supo evolucionar, adoptando otras formas de representación plástica, para integrarlas en su estilo propio.


































jueves, 8 de octubre de 2020

JOSÉ CARLOS NARANJO EXPONE EN LA GALERÍA BIRIMBAO, SEVILLA

 

EL SENDERO DESCUBIERTO


José Carlos Naranjo “Subir el coche a pulso” en galería Birimbao, Sevilla. Hasta el 27 de octubre.

Es José Carlos Naranjo un pintor de precisión técnica, de trabajo profundo en pos de obtener la imagen concisa, capaz de resumir en una expresión escueta la máxima sensación vivida. Centra su mirada en el entorno más próximo, imágenes intrascendentes que no existen en la ceguera del trayecto rutinario. Mas cada día, cada momento del recorrido repetido en el tiempo, descubre motivos nuevos que representar en su obra. El camino está bordeado de vegetación, frondosa, verdor henchido de humedad, plantas sencillas, que cubren la superficie que acompaña al sendero. Estas hierbas humildes, inexistentes a la mirada sumida en el pensamiento, son descubiertas, se abren al entendimiento del contorno natural, creando una comunicación visual con el artista. Es un instante de lucidez, cuando se descubre la verdadera faz de la realidad. La vida vibra, se comunica entre sí, refleja su fuerza, pero va más allá, pues ahonda en los misterios que oculta en los espacios ajenos a la mirada. Con este mensaje seductor llama la atención del artista, quien sometido a su influjo, queriendo descifrar los signos de su presencia, se introduce en lo no visible, a través de la esencia de las formas del paisaje herbáceo.

Este creador plástico reproduce las formas vegetales, las libera de motivos insustanciales, plasmando solo los tallos y hojas. Son impresos con fuerza, rotundidad en su expresión, desvaneciéndose cuando el color toma asiento en el papel, que absorbe las figuras, tomando apariencia sólida, diluyendo sus tonos, para mostrarse como reflejo de un cromatismo apagado, que transmite frialdad, olvido, secretos en sus rincones oscuros. Lucha el pintor con la apariencia del color, con la exactitud de la mancha, en su aventura tras el enigma sugerido por el azar. José Carlos Naranjo consigue, tras embriagadoras jornadas de trabajo, traducir el lenguaje de las plantas, en piezas cuyo colorido asemeja un negativo fotográfico, en el cual triunfa la imagen revelada de su conjunto.

Es un trabajo de profunda reflexión metafísica, sobre la estética verdadera del trasfondo de las formas.








domingo, 4 de octubre de 2020

EL RÍO SEGÚN MARÍA JOSÉ CASTAÑO, EN LA GALERÍA HAURIE

 

TRAZO DORADO PASAJERO


Mª. José Castaño Rodríguez presenta “ De río y oro” en la galería Haurie. Hasta el 18 de octubre.

Pasea la pintora su mirada con tranquila pasión, aspirando la fuerza sensitiva del paisaje, para plasmar su imagen con un cromatismo intenso, de abundantes azules rotos por la fuerza del verde y atravesados, a veces, por el nervio del dorado. Recrea un entorno húmedo, envuelto en un ambiente melancólico, sosegado, preso del transcurrir de las horas solitarias, cuando todo está sereno, y la fantasía de la mirada danza ensimismada en su son, ajena a todo, solo perceptible por el aura que deja su halo pasajero.

María José Castaño aprehende el paisaje, lo palpa al pensarlo tras su contemplación, y expresa con amplios trazos, que ocultan las formas para mostrarse como campos espesos de color, engarzados entre sí, organizando una composición compleja, llena de contrastes, donde el azul del agua y cielo marcan la pauta general de la definición de la escena.

La artista crea su obra con ímpetu, arrebatada ante el misterio que encierra la visión del río y sus alrededores, la humedad palpada, el colorido que distorsiona los contornos para ofrecerse como desvelador del alma del lugar. La mirada amplia de María José Castaño atrapa sus esencias, describiéndola en sus piezas. Es una jugosa experiencia estética, surgida de la capacidad de la autora para relatar la naturaleza íntima del paisaje sentido. Esta propuesta posee garra, atrae y gusta.



























miércoles, 30 de septiembre de 2020

JULIO VAQUERO EXPONE EN LA GALERÍA MARLBOROUGH

 

OTROS TIEMPOS DE ESPLENDOR FUERON


Julio Vaquero. “Memorias del mundo físico”, en la galería Marlborough, Madrid. Hasta el 10 de octubre.

Explora el artista la imagen fantástica, que se escapa de la realidad para ofrecer escenas que no encajan en lógica visual alguna. Julio Vaquero capta un mundo ensoñado, en el que recrea una mirada romántica desde su percepción interior. Superpone imágenes, deja señales por descifrar, pistas ocultas que incrementan el misterio sugerido. Recorre el pintor espacios presos del silencio, abandonados, postrados ante el esplendor de su decadencia. Huellas de tiempos mejores muestran los objetos y decoración plasmada, mas la impronta del olvido, de los días gloriosos, marcan todas las estancias. En las salas y pasillos deambulan fantasmas, ideas fijas del pintor, rememoraciones pictóricas, que dictan el ritmo atemporal extraído de la rutina cotidiana. A pesar de la quietud en sus piezas, se intuye el paso de los momentos que degradan la memoria, presente en los trazos desvaídos convertidos en brumas, entre las cuales aparecen estampas de otras estancias, o acaso olvidadas en la imagen descrita. Es un universo ceniciento, grisáceo, caduco, sumido en un rincón olvidado de la existencia.

Julio Vaquero juega con los contrastes cristalinos, ofreciendo formas de proporciones alteradas, desvelando lentes ocultas en la escena. En su obra propone una realidad ensimismada, alejada de la rutina de los anhelos diarios.

La obra aquí propuesta posee un ritmo lento de visualización, un guion visual inquietante, que obliga a esforzar el entendimiento, y un discurso reflexivo sobre la vanidad de la existencia. Logra el autor expresar estas sensaciones gracias a composiciones de técnica precisa, dotadas de magia en su elaboración.