viernes, 8 de noviembre de 2024

CÁDIZ EN LA MEMORIA, SEGÚN CANDI GARBARDINO

 


SUSPIROS VISUALES DE CANDI GARBARINO


Autora: Candi Garbarino. Título: Levante en calma. Lugar: Galería Benot
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A diferencia de lo interpretado por otros, es la obra de Candi Garbarino un destello de la fantasía surgida del tiempo en calma, sumido en la luminosidad lánguida, del espléndido mediodía canicular gaditano. Siendo esta fantasía la expresión del encuentro de la pintora con la realidad oculta, que subyace tras la apariencia temporal de la rutina, sometida a cambios y estaciones. Ella penetra en el seno de la luz, que anega su mirada, para descifrar las tintineantes imágenes que el momento gozoso describe, acertando a descubrir, liberada su razón lógica, la esencia que sustenta el paisaje. Recrea efluvios sensitivos del solar antiguo de la ciudad, cuando era puerta de entrada de paraísos inexplorados, en la época de veleros cargados de aromas de tierras lejanas, sueño de aventureros, naturalistas, gente curiosa ávida de conocer los misterios del planeta, también alegría para comerciantes. En esa sociedad abierta a la novedad traída a su puerto, transcurrían los días iguales, felices, envueltos en una imaginación soñadora, romántica.
Esa época la percibe Candi Garbarino, expresándola en su obra con fugacidad cromática, ahogado el tenue esquema dibujado en el rastro del color, el cual transcurre como mancha fluida, desasosegada y sin intención de permanecer en la superficie enmarcada. Son sus piezas como suspiros visuales, apreciaciones frágiles en aparente inestabilidad temporal, reflejo del efecto que quiere introducir la pintora en su trabajo plástico. Recrea la ensoñación del momento perdido en las horas perezosas del mediodía, cuando la rutina invade la estancia, quedando la atención presa de la nada, chispazo instantáneo que descubre la memoria que impregna rincones y paisajes, extrayendo las plantas de su realidad para encasillarlas en la clasificación botánica, cuando suponían una sorpresa evocadora de tierras lejanas.
Candi Garbarino evoca el Cádiz romántico, la ciudad siempre luminosa abrazada a la eternidad.




























miércoles, 6 de noviembre de 2024

MEDITERRÁNEAMENTE DE ALFONSO OCÓN

 



LOS COLORES DEL CABO


Las olas de color invaden la mirada. La anegan y seducen para incorporarla a su universo cromático. Alfonso Contreras Ocón sucumbe ante el espacio bravío, sometido al caos de sensaciones, que el entorno marino produce. Las olas rompientes, el silbido del aire, su roce fresco, el azul envolvente, el rumor permanente roto por el graznido de las gaviotas, sobre el ocre blanquecino de la arena, generan en el pintor un estado creativo seductor, extrayéndolo de la realidad temporal, para introducirlo en el fondo cromático del ambiente, contemplando solo color, respirando color, sintiendo color.
Inmerso en la soledad de las playas del Cabo de Gata, se funde con el entorno, participa de sus rumores, del fluir cambiante de sus esencias, arrastrado por los cantos ocultos de sirenas engañosas, para atraparlo en el ciclo perenne de la irrealidad. Capta este creador plástico todas estas experiencias, salvándose de su influjo para narrarlas en su pintura.
Esta experiencia es reflejada en las piezas que muestra en su exposición, en las cuales se desprende el artista de la estructura lineal, esquemática, de trazos profundos, que sostenían sus producciones plásticas, para expresarlas como campos de gamas estructuradas, según la sucesión que la mirada percibe, o en superposición, cuando se fuerzan mutuamente las radiaciones en su deambular por el ambiente.
Alfonso Ocón capta todas estas sensaciones visuales, reflejándolas en sus piezas, en las cuales es el instante tonal el plasmado en ellas. Introduce el pintor al observador en ese espacio especial, cuando la percepción ahonda en el trasfondo de los signos definidos por la razón, para ir más allá de las apariencias, y penetrar en el seno cromático del paisaje, energía danzante, vibración cuan letanía permanente, que recita sin cesar el susurro de los genios del lugar.
El pintor describe con sencillez compositiva la escena contemplada, sin artificios extraños, sólo con el trazo tonal oportuno, descubriendo, en la contemplación de su obra, el ánima que se esconde en el paisaje. Ésta es la que le da vida, penetra en la mirada, arrebata la razón, generando un estado de trascendencia ante la belleza desvelada.
Alfonso Ocón demuestra su habilidad pictórica, en la amplitud de registros plásticos presentes en su obra, consiguiendo elaborar piezas de gran calidad expositiva.
Se puede visitar esta exposición, cuyo título es “Mediterráneamente”, en el Gar Anat Hotel Boutique, Granada, hasta el 10 de noviembre.












martes, 5 de noviembre de 2024

EN ESTAS FECHAS







VÍSPERAS DE DIFUNTOS


La historia de fantasmas y aparecidos hunde sus raíces en la tradición de todas las culturas. En el mundo clásico encontramos numerosos relatos sobre apariciones espectrales, caso de Numenio de Apamea, como también Plutarco, en su obra “Farsalia”, o Apuleyo, en el “Asno de Oro”, quienes distinguieron en estas presencias fantasmales a espíritus benefactores, ángeles, o malignos, daimones.
Otros autores del clasicismo, que relatan encuentros con espíritus de difuntos, son Homero, en la “Odisea”, Luciano de Samosata en “La Casa Encantada”, “La Amante fantasma” de Proclo, o “La lamia de Corinto” de Filóstrato.
Plutarco, como posteriormente Tertuliano, diferenciaban distintos tipos de entes aparecidos, siendo unos los espectros, otros los fantasmas. Además, Plutarco hablaba de “sombras”. Incluso ambos ponen en duda que procedan del inframundo de los difuntos, sino que pueden ser espíritus malignos o elaboraciones ficticias de la mente.
Los fantasmas que se aparecen son casi todos daimones, pudiendo hacerlo en cualquier época o momento del día, pero la mayoría de las narraciones, sobre su presencia en este mundo, coinciden que lo hacen en las horas de la madrugada más oscura, siendo la época del año más propicia las semanas finales de octubre y primeras de noviembre. La noche de Difuntos es el momento, según la tradición, más álgido para su retorno a este mundo. Aunque para los romanos, como los germanos, otra época propicia era la noche del treinta de abril, así como todo el mes de mayo.
En la Antigüedad, los difuntos aparecidos necesitaban una libación de sangre para poder hacerse presentes. Homero lo recoge en “La Odisea”, cuando Ulises desciende al Hades, y Tiresias conversa con la madre del héroe de Ítaca. Es frecuente la aparición de espectros, sombras o fantasmas en los campos de batalla, o épocas violentas. Más que sangre absorben energía vital, fuerza anímica de los vivos, dejando a éstos sumidos en la enfermedad. Los espíritus, como los dioses, exigen sangre o sacrificios, para hacerse presentes.
Aristóteles decía que el alma está constituida por una parte vegetativa, otra animal, y la parte superior, inmortal y divina, llamada “nous”. Es por lo que podría distinguirse la sombra como impregnación, y apariencia informe, sin inteligencia; los espectros, con figura definida, reflejo del alma animal, sin memoria y consciencia existencial, que repiten conductas de forma mecánica, sin interaccionar con el entorno; y los fantasmas, nous perdidos entre las dos realidades, que interaccionan, afectando de forma intencionada a los vivos.

domingo, 3 de noviembre de 2024

SOLO ES UNA LEYENDA

 


UNA NOCHE PARA OLVIDAR


Un escritor madrileño, a finales del siglo XIX, tuvo noticias del cerro Merlin, interesándose por las leyendas que lo rodeaban. En sus frecuentes viajes a Sevilla, se desvió para acercarse a la Villa de Arquillos.
Era una noche triste de noviembre, húmeda, silenciosa. Nadie del pueblo conocía las leyendas que él refería, pues era lógico, sus habitantes, en su mayoría, eran descendientes de colonizadores alemanes llegados a Sierra Morena, casi cien años antes. Aburrido ante el tedio reinante el casino, donde en las altas horas de la madrugada los contertulios pasaban sus noches jugando a los naipes, o cuchicheando el último rumor del pueblo, decidió salir y dar un paseo por la población. Las calles estaban casi en la oscuridad, tenues lámparas servían de guía, imaginando en las sombras seres fantásticos o peligros físicos reales. Mas nada le perturbó en su paseo por la calle principal, pasó ante la Torre del Reloj, en medio de una plaza desierta, llegando hasta las afueras, donde había una fuente con tres caños. Todo era sopor, abandono y olvido, oscuridad y soledad. Le llamó la atención unas luces que pasaban por la parte superior de la fuente, dirigida hacia la parte alta del pueblo, quedó extrañado ante tal visión. Según se acercaba la comitiva, contempló que los procesionantes vestían hábitos. Quedó sobresaltado, pues estaba contemplando la Santa Compaña. Huyó despavorido, yendo a refugiarse de nuevo al Casino, lugar donde se hospedaba. Al relatar su visión, un paisano, llamado D. Ignacio, le dijo que sí pudiera ser lo que había visto, pues eran muchos los vecinos que así lo confirmaban. Al día siguiente tomó la diligencia y marchó hacia Sevilla, quiso olvidarse de la mala experiencia de aquella noche.











sábado, 2 de noviembre de 2024

EN EL ENTORNO DE ARQUILLOS (JAÉN)

 
MERLÍN EN JAÉN



En el trayecto de la carretera entre Linares y la Villa de Arquillos, existe un tramo que transcurre entre dos cerros, de aspecto corriente, pues son escasamente elevados. Lo que sí llama su atención es el nombre que posee cada uno. Son nombres relacionados con la Materia de Bretaña, siendo curiosa la presencia del mundo artúrico en esta parte de España. Un cerro se llama Merlín, y su vecino, entre cuya depresión que los une pasa la carretera, tiene de nombre Cerro del Diablo. Bajo el Monte Merlín hay una charca, o lagunilla, y frente a ellos la altiplanicie en la que se asienta los restos del castillo de Giribaile.
Dicen que esos nombres se los pusieron los caballeros de la Orden de Calatrava, no se sabe si era debido a una simbología oculta del lugar, o simplemente como rememoración. En el Monte del Diablo hasta hace poco han existido minas, con sus respiraderos. Incluso
se sabe que desde la época romana ya había explotaciones extractivas en el lugar. Fue en ese Monte, donde el señor del castillo llamado Gil Baile desapareció, cuando en una jornada de caza se internó por sus lateras, siendo engullido en una de sus bocas.
Murió de hambre y sed.
Incluso según el Quijote, don Alonso y su escudero tuvieron que pasar por ese paraje, en su camino hacia los batanes.
En ese lugar, en época de las guerras púnicas, en su escenario peninsular, hubo batallas en torno al castillo, que en aquella época era una población ibera, aliada de Cartago.
Entre los tres puntos citados se desarrollaron enfrentamientos entre cartagineses y romanos, los primeros bajo el mando de Asdrubal, siendo su oponente el general Escipión el Africano. En esos llanos hubo refriegas, también se instaló un campamento romano,
pasando los cartagineses, en el transcurso de esa confrontación, por el paso entre ambos montes, hacia la llanura situada ante el pueblo de Arquillos. Allí se produjo la batalla final, mientras Asdrubal, con su guardia personal, observaba su devenir, dirigiéndola, desde el montículo de El Puerto. Las fuerzas de Escipión aniquilaron a los cartagineses, huyendo Asdrubal hacia la zona del Ebro.
Pero si nos centramos en el mito artúrico vemos una relación entre estos lugares, pues en la Leyenda, el mago Merlín nació de la relación de un Íncubo con una joven doncella.
También existe la figura de la Dama del Lago, un hada de la cual el mago estaba enamorado, y para cerrar las casualidades Merlín ayudó al rey Vortingern a edificar su castillo.
En la noche del dos de noviembre, sobre el cerro Merlín, en el lugar de las grandes rocas, dicen que se reúnen los diablos.


Castillo de Giribaile (Término municipal de Vilches)

ABRAHAM LACALLE EXPONE EN LA GALERÍA VETA, MADRID

 



LOS ESPÍRITUS DEL BOSQUE


Autor: Abraham Lacalle. Título: El verdor terrible. Lugar: Galería Veta, Madrid. Fecha: Hasta el 22 de noviembre.



Ofrece Abraham Lacalle (Almería, 1962) un trabajo plástico inmerso en el mundo mágico que nos rodea, expresado a través de los efluvios cromáticos que danzan en sus espacios. Unas veces se adentra en bosques, lugares umbrosos, si no, trascurre por campos abiertos, rescatando del olvido edificios abandonados yacentes en el sueño profundo de su pasado. Lo expresa el pintor mediante la simbología del color, cuando sus tonalidades se transforman en vocabulario sensitivo, ajustada su intensidad según la emoción, sorpresa o curiosidad surgida ante cada uno de los paisajes que recorre en su aventura plástica.
Son sus imágenes visiones fantásticas liberadas de la razón de la mirada, en caída libre hacia el fondo mágico del subconsciente, dotando los objetos de tonalidades intensas,
estridentes a veces, extrañas a la memoria real, configurando con su conjunción un trayecto onírico, libre de ataduras lógicas, mirando con el sentimiento del momento los paisajes vibrantes, susurrantes, envolventes formas separadas del color, el cual fluye interrelacionándose entre sí, conformando árboles, piedras y plantas un cosmos único, en continuo diálogo, siendo el artista quien ha osado perturbar su eterna letanía rítmica.
La realidad es reconfigurada por el pintor, introduciéndose en aquellos planos invisibles a la contemplación rutinaria, descubriendo el pulso latente adherido a las formas que definen el entorno.
Abraham Lacalle continua en su estética particular, la cual varía en la descripción de las diferentes escenas, que sustenta el discurso oportuno que cada exploración plástica suscita, ahondando en la esencia de la imagen, la cual disecciona, separándola del reflejo
sensitivo proyectado en su observación, cuyo retorno interpreta en la descripción cromática plasmada en sus piezas. Elimina los elementos innecesarios en su obra,
centrándose en el esquema básico que define el medio, el color que crea el alma del ambiente, el rastro de su densidad para equilibrar el momento de su pulso, la conjunción de gamas en las que estructura el espeso diálogo, que genera la sorpresa del instante. En este escenario el espectador participa con los sueños que incluye en él, escrutando cada uno de sus rincones, el halo desprendido entre las formas, el agobio o inquietud surgida en su visualización. No basta ser buen pintor para realizar un buen trabajo artístico, sino que hace falta añadir inteligencia y originalidad en la conjunción de tonos, consiguiendo reflejar en su obra la idea proyectada. Es por lo que Abraham Lacalle nunca defrauda, mostrando siempre su valía.