LA
LUZ LIBERA LA ESENCIA DE LA FLOR
Si
tu frescura a veces nos sorprende tanto
dichosa rosa,
es
que en ti misma, por dentro,
pétalo contra pétalo, descansas.
Rainer
María Rilke
Autora:
Marianne van Roode. Título: Flores en transformación. Lugar:
Galería La Empírica. Hasta el 6 de febrero de 2026.
La
flor ejerce una atracción poderosa en la mirada, seduce e induce a
la ensoñación, quizá se intuya en ella el Paraíso perdido. Es la
flor un punto de conjunción entre la razón y la fantasía, pues en
su abrazo luminoso desvela irisaciones tonales escondidas en el seno
de la luz, inundando la mirada, sirviendo de vía hacia espacios de
libertad imaginativa. La flor aparece como símbolo de fertilidad, de
esplendor de la vida, belleza perfecta en sus formas geométricas,
marcada por la singularidad caprichosa.
Marianne
van Roode, pintora holandesa afincada en Granada desde 1995, propone
una obra de gran contenido conceptual, que juega con el orden y
descomposición, la compleja perfección, creada según un diseño
lógico, y el mundo oculto que en su interior encierra, libre de
ataduras geométricas y de la gravidez de la razón, navegando por
los flujos cromáticos hacia formas aleatorias, insinuantes, que
descansan en su final en la evocación inconsciente. Es un proceso de
fuga hacia las umbrías de la realidad, descubriendo asombros ante
escenarios descubiertos, paseo por los campos libres del pensamiento,
conectando con afectos, recuerdos y sensaciones, sin definición
posible.
Propone
tres series de piezas, comenzando por aquellas en la que muestra la
rotundidad de la imagen floral, para continuar con una inmersión en
el seno de su fantasía, en las sugerencias que sus efluvios ofrecen.
Descubre una figuración caprichosa, en los detalles que su minúscula
dimensión vela. Tras este tránsito logra penetrar en el cosmos de
la irrealidad, paseando por ellos imágenes que sus emociones
encierra. Al final concluye en un encuentro de la realidad con lo
velado y emociones íntimas, significando la flor el punto de ida y
retorno, hacia la irrealidad y los objetos que sustentan la
existencia.
Descansan
estas ideas en una producción estética concluida con rotundidad,
sin grandes veleidades tonales, sino con un cromatismo suave,
intimista, impreso en trazos poderosos, casi liberados de la mano de
la artista.
Es
una obra sugerente la expuesta por Marianne van Roode, de calidad
reflejada e inteligente composición.
COMENZAR
EL PAISAJE INTERIOR
DEJAR IR
FLOR FINAL. CERRANDO LA CUADRATURA










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