LOS
DUENDES DEL TIEMPO
Autor:
Joan Fontcuberta. Título: Háptica. Exposición
comisariada por Sema
D’Acosta en
el Centro
Cultural Fundación Unicaja de Almería, hasta el 22 de febrero de
2026.
La
luz es grabada en un soporte material o digital, siempre ella define
la imagen percibida en el foco de la cámara. El primero posee
limitadas posibilidades de nitidez, siempre existe un limite que
anula la precisión del detalle ínfimo.
Es
con la cámara tradicional cuando es necesario un soporte material,
para fijar la imagen comunicada por el halo luminoso captado. Los
instrumentos digitales, igualmente, poseen medios materiales en los
que se graban sus impresiones magnéticas, mas poseen mayor
profundidad de imagen, exactitud en los detalles atrapados, y
plasticidad en su manejo y evacuación hacia entornos virtuales.
En
los medios clásicos la plasmación es única, aislada del resto,
secuenciada, cuan puntos sucesivos que captan momentos únicos,
salvados de la gracia del instante.
Ambas
técnicas muestran dos formas de sentir la existencia. Pues mientras
una se centra en la capacidad e intuición del individuo, en la otra
es la técnica quien dirige todo el proceso; la primera esta
humanizada, la segunda transciende la persona. Una, muestra la
realidad fija, inmutable, tal cual se percibe, otra, la realidad
fluida, cambiante y manipulada.
Esto
no salva la manera fotográfica tradicional de la traición
perceptiva, pues según sean secuenciadas las instantáneas, más la
necesaria sugestión, podrá alterarse la historia narrada en su
comprensión.
Pero
la diferencia mayor consiste en la conjunción de la luz impresa y el
medio que la soporta. La fotografía tradicional se transforma en un
elemento asociado al tiempo, sujeto a su imperio, sufriendo en su
naturaleza alteraciones y desperfectos, decoloraciones y brumas, lo
cual le va impregnando un signo especial que lo liga al ambiente
donde permanece. Estas imperfecciones le confiere mayor humanidad,
sean realidades fidedignas o alteraciones, y están destinadas a un
final en el tiempo. La huella inicial de su creador, emoción o aura
plasmada, quedan depositadas en ellas, siendo el devenir hacia su
extinción un proceso vital, en el que modifica su figuración,
descubre nuevas sensaciones, acoge impresos los genios del lugar,
transmiten evocaciones y nostalgias. Incluso cuando esta acción es
intencionada, pues reflejan el impulso de su autor, su fuerza grabada
en la superficie. Este es el efecto conseguido en las piezas
expuestas por Joan Fontcuberta,
en sus cinco series fotográficas, elaboradas en distintos periodos.
En ellas se percibe la huella erosiva del tiempo, del tacto, la
impronta de seres y duendes del tiempo. Ingeniosa
e interesa propuesta plástica.




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