domingo, 4 de agosto de 2013

UNA MAÑANA DE AGOSTO





 
 
La mañana se despereza bañada por el cálido abrazo de la luz, luz tímida que se introduce entre las oquedades de los edificios, cuando asoma en el horizonte, que en el paso de las horas irá asolando toda la faz de la ciudad, sometiéndola al tórrido influjo de su esplendor.
 En estas horas de la mañana la luz vigorosa, que tímidamente se abraza a los edificios, sumerge en el sopor del  calor creciente, que empapa el ambiente, llevando a la postración del día, tranquilo, meloso, pesando las horas en su discurrir.  La mañana crece, induciendo fuerza en el ánimo, transcurriendo hacia el abrasador sol del mediodía, triunfo de la luz, cuando el color explota y se expresa en tonalidades infinitas, escanciando su esencia en los sentidos. Plácida visión, tranquila, reposada y plena de belleza.

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